El fracaso de la política neoliberal es evidente con el huracán en Nueva York




 Por: James Petras | La Haine
 
103 muertos. La falta de preparación, la falta de protección y seguridad es la gran injusticia, emblemática de lo que existe hoy en EEUU.
El análisis del sociólogo norteamericano, profesor James Petras (*), de este lunes 5 de noviembre estuvo centrado en las elecciones estadounidenses que se celebraron el martes 6. CX36, Radio Centenario desde Montevideo (Uruguay). www.radio36.com.uy

Efrain Chury Iribarne: Ya estamos en contacto con Estados Unidos, allí está James Petras. Buenos días Petras, bienvenido. ¿Cómo estás?

James Petras: Buenos días. Estamos bien, en el otoño pleno, 0º, nuboso, pero imagino que Ustedes están disfrutando una buena primavera.

EChI: Si, así es, estamos disfrutando ahora de unos lindos días de primavera. Si te parece, podemos empezar con las elecciones que tendrán allí mañana. ¿Lo más saliente es la poca concurrencia a las urnas que se prevé?

JP: Esperan una participación máxima de un 60% que significa un 40% de abstención. Ahora, hay un factor que es difícil calcular, y es que en más de 20 Estados se han creado una serie de obstáculos, particularmente por la necesidad de una foto de identificación, con libreta de conducir, pasaporte o algún documento con foto. Y mucha gente pobre no tiene forma de conseguir siquiera un certificado de nacimiento u otra forma de identificación.
Entonces no tenemos claro cuánta gente que quiere votar está descalificada, o puede ser descalificada. Es un problema para el cálculo, yo por lo menos pienso que habrá un 45% de abstención, pero podemos equivocarnos porque en los últimos días ambos partidos han movilizado todos sus militantes, funcionarios, para ir a todas las vecindades para casi presionarlos o forzarlos a votar. En este sentido, hay un enorme gasto de dinero pagando funcionarios para que vayan puerta a puerta.
Por un lado, entraron tres mil millones de dólares en las arcas de los dos partidos, Algunos capitalistas han aportado a ambos candidatos para garantizarse el acceso a los grandes contratos federales. Y del otro lado, el dinero sale pagando funcionarios para hacer esta campaña. Hay muy pocos voluntarios. A pesar de lo que dicen los medios, la gran mayoría de la campaña la hacen profesionales o gente pagada que recibe un salario y manejan teléfonos y otras formas de publicidad.
Lo que no se ve aquí son pósters o afiches, publicidad callejera, gente movilizándose masivamente. Contrastamos por ejemplo con Venezuela, donde medio millón o un millón de personas sale a la calle a manifestarse. Aquí consideran una gran manifestación si salen quince mil personas, que es lo que puede
movilizar un candidato fácilmente en Rocha (departamento del este uruguayo).

EChI: ¿Qué dicen las últimas encuestas?

JP: Las encuestas hablan de dos cosas: Un empate en el voto popular, dan algo así como un 48% a cada uno. Lo que hay es una diferencia favorable a Obama en los electores. Ustedes deben saber que aquí se resuelve el problema a partir de electores y no del voto directo. Cada Estado tiene un número determinado de electores, que dependen del voto en ese Estado. Entonces es posible, y muy factible en esta elección, que el candidato minoritario en el voto pueda conseguir suficiente mayoría entre los electores para ganar las elecciones. Y en este momento, según las encuestas, Obama tiene más electores que Romney.
Además, los que están señalados como votantes de Obama son el 90% de los afroamericanos, los negros; el 75% de los hispanos, un 63% de las mujeres; un 53% de los jóvenes. En cambio, la base de votos entre los republicanos son los evangelistas, cristianos, lo que llaman fundamentalistas, el 60% de los trabajadores blancos y los profesionales en sectores de finanzas, servicios y cámaras de Comercio. Los sindicatos apoyan a Obama pero tienen muy pocos afiliados, un 10 u 11%, y ni siquiera estos afiliados están muy influidos por la burocracia sindical.
Pero lo importante no son estas cifras demográficas. Creo que lo importante es que gastaron 3,2 mil millones en esta campaña tratando de motivar a la gente, porque sin ese gasto era imposible que más del 40% de la población electoral votara. Porque la apatía, el desencanto y otros factores prevalecen en esta elección.
Hay quien dice que acá falta cultura cívica, pero yo creo que hay bastante cultura cívica y se demuestra en el reconocimiento de que ambos candidatos perjudican a la gran mayoría del pueblo. Pero entre la gente del pueblo, muchos tienen miedo por la campaña derechista de Romney y a la vez, por el miedo que ha sembrado Obama sobre el extremismo del campo opositor.
Mientras tanto, mucha gente recuerda cuatro años perdidos con Obama, con guerras, crisis, rescate de Wall Street. Por eso es para mucha gente una opción entre el voto por el mal y el mal menor. En esta campaña no hay entusiasmo en la gran mayoría de la gente. Funcionarios de ambos partidos, siempre obviamente con aplausos y gritos, politizan a sus propios seguidores, pero afuera, el público en general tiene muy poco interés, no se ve en estos días previos a la elección ningún activismo, la gente que va a ir a votar lo hará pero sin ganas.

EChI: ¿Y qué pasa con los partidos pequeños?

JP: Eso es importante porque hay cuatro partidos pequeños que están presentando candidatos. Podemos decir dos de la derecha liberal, que creen que el gobierno republicano es demasiado estatista, demasiado centralista, y buscan un conservadurismo que esté menos metido en el exterior y más orientado a fomentar el mercado libre sin un gran Estado. Este sector puede perjudicar a Romney en algunos lugares como Virginia, donde puede tener algunos seguidores.
En el otro lado hay dos partidos de izquierda, el Partido Verde, que tiene las mejores chances de romper la barrera de un millón de votos. Es un Partido que apoya un Plan Nacional de Salud, salario mínimo para todos los trabajadores de más del 60% del salario mínimo actual; propone incrementar la inversión pública, la obra pública; se manifiesta en defensa del medioambiente; propone recortes en el uso de gases venenosos. Este partido Verde se ha registrado en casi todos los Estados y es el partido que yo voy a votar.
Después hay un Partido Socialista pero muy sectario, sin gran arrastre, que presenta una campaña testimonial, sin posibilidad de conseguir más de cien mil votos, lo que es infinitamente poco.
Estos cuatro partidos juntos, con suerte podrán conseguir dos millones de votos. En todo caso, el Partido Verde ha hecho una buena campaña, ha movilizado a algunos sectores sindicales de base –y no a los líderes nacionales-; tiene arrastre entre los universitarios, tiene algún apoyó en los centros urbanos. Ahora hay un problema: algunas veces, el Partido Demócrata en particular, trata de hacer todo lo posible para perjudicar al Partido Verde. Dicen que es un voto inútil, dicen que los verdes hacen el juego de la derecha, o sea, toda una campaña muy sucia por parte del equipo de Obama para limitar el impacto del Partido Verde. Incluso excluyeron a la candidata Jill Stein de todos los debates. Ella fue incluso desde la audiencia para preguntar y la agarraron y encarcelaron por “provocar disturbios”.
Entonces, hemos visto otra vez unas elecciones muy restringidas desde el terreno de la igualdad de posibilidades. Es un sistema muy rígido que limita la posibilidad de expresión a la oposición, desde posiciones progresistas.

EChI: ¿Qué podemos esperar de ganar Obama o Romney? ¿Qué pueden esperar los países que están en la mira belicista de Estados Unidos?

JP: Creo que en un 90% va a ser la continuación de lo existe actualmente. Con amenazas contra Irán, con el apoyo incondicional a Israel, con la intervención a través de intermediarios en Siria; van hacia el aislamiento en América Latina, continuará la dependencia de China alternando con amenazas de políticas bélicas… No hay mucha diferencia entre los dos al final de cuentas, en la macropolítica ni en la macro economía.
Hasta ahora no han propuesto ninguna alternativa en la política hacia América Latina, siguen el mismo cliché, como discos rotos hablando de la lucha contra el narcotráfico, la lucha contra el terrorismo, cosas vacías, huecas, que no tiene ninguna relevancia para América Latina.
En relación con el mundo árabe, el mundo musulmán, el Medio Oriente, tal vez Romney es un poco más bélico, pero hay que entender que Obama ya tiene los barcos de guerra frente a Irán, está canalizando dinero a los terroristas en Siria; es difícil imaginar que Romney pueda ir más allá porque el pueblo está cansado de las guerras terrestres, es posible que uno y otro candidato aumenten la guerra de los drones y utilicen terroristas y mercenarios para las intervenciones como lo hicieron en Libia o lo hacen actualmente con Siria. Ninguno de los dos tiene propuestas de paz entre palestinos e Israel, siguen en forma totalmente desequilibrada a favor de Israel. En este sentido, a pesar de la demagogia de ambos candidatos en la política exterior, hay un porcentaje mínimo de diferencias.
El status quo es horrible, Estados Unidos ha gastado brillones de dólares en guerras inútiles y es una situación difícil de ver cómo se puede cambiar con estos dos candidatos.

EChI: En su segundo día de gobierno Obama prometió cerrar Guantánamo.

JP: Y sigue abierto, siguen las justificaciones de las torturas… Obama es peor que el anterior presidente, porque ya tiene una lista de personas a asesinar. Es decir, ha asumido el poder de ordenar asesinatos en todas partes del mundo, obviamente que Romney va a continuar con esta política, de tipo mafioso, dando órdenes de asesinar personas sin proceso político, sin proceso judicial, sin consideraciones de habeas corpus.
En ese marco Obama ha abierto el camino para una política de asesinatos que no existía anteriormente como forma de gobernar, forma de hacer política exterior.

EChI: Muy bien, Petras, para irnos, no se si tiene algún otro tema que quiera abordar.

JP: Quiero mencionar el fracaso total del rescate en la recuperación de Nueva York. Hemos visto 103 personas muertas, casi la mitad en Nueva York –una ciudad que supuestamente es la capital del imperio- sin capacidad de proteger su propio pueblo; construyen muros de miles de kilómetros para bloquear los inmigrantes de México y no tiene capacidad de montar barreras en Manhattan por lo menos en 50 km. Tienen drones para matar, pero no tenían drones para rescatar viejos, muchos de los muertos eran viejos que no pudieron salir de sus casa. Tenemos un gobierno que hace política en todo el mundo pero todavía hay 500 mil personas sin electricidad, una semana después del paso del huracán.
El fracaso de la política neoliberal es evidente frente a la gran crisis de Nueva York, a partir del huracán que es un fenómeno natural, pero la preparación, la previsión es un acto humano. La falta de preparación, la falta de protección y seguridad es la gran injusticia, emblemática de lo que existe hoy en Estados Unidos.

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Hay Marx para rato, a mi manera


 Guillermo Rochabrún | Revista Quehacer N° 121

Este texto del interesante marxista crítico peruano Guillermo Rochabrún circula por internet; aunque ya antiguo, nos ha parecido representativo de un nuevo pensamiento latinoamericano.
* * *

El «folklore» marxista —como me place llamar a los clichés que han poblado los manuales de marxismo-leninismo— ha caracterizado al capitalismo como el conflicto de dos clases: burguesía y proletariado. Esta imagen ha dado lugar a innumerables dibujos en los cuales un gordo rebosante de grasa, vestido con frac y sombrero de tarro, se enfrenta fumando un puro a un grupo de obreros de overall que llevan una llave de tuercas en la mano. La pregunta que debemos hacernos es si el pensamiento de Marx sirve solamente para inspirar este tipo de caricaturas. Así pareciera creerlo Federico Salazar, cuando —quizá pensando con el hígado— dice que «si se hiciera la encuesta de los panfletarios del milenio, ahí sí, sin duda votaría por Marx» (Domingo, n.º 74, p. 19. Diario La República, 24 de octubre de 1999).

Si algo ha caracterizado al marxismo ha sido su proclama de ser a la vez una teoría y una práctica conscientes de sí mismas. A fin de cuentas es en gran parte gracias a él que hoy podemos pensar que todo pensamiento está ligado, lo sepa o no, a determinadas formas de intervención en el mundo. Sin embargo, el marxismo ha pretendido para sí ser mucho más que eso: ha reclamado la máxima lucidez posible como condición necesaria para realizar la única práctica que estaría a la altura de dicha autoconciencia: la práctica revolucionaria. Es decir, una teoría totalizadora que formaría parte de una práctica totalizadora. Como podría haber dicho Mafalda, «¡Pavada de ocurrencia, ¿eh?!».

¿Quién, fuera de Marx, ha podido reclamar para sí la pretensión de saber que al escribir El Capital estaba develando el «secreto más recóndito» de la forma capitalista de producción, y que al hacerlo estaba disparando «el más terrible misil que jamás se haya lanzado hasta ahora a la cabeza de la burguesía»? (Carta de Marx a Johann Becker, 17 de abril de 1867). Alguna base habrá tenido esta convicción, pues si el pensamiento científico no ha perdido mucho tiempo combatiendo a modernos profetas y gurús, en cambio las críticas, réplicas y refutaciones científicas a Marx en defensa del orden existente han formado un mar prácticamente insondable. Por algo será.

Y no obstante, desde un momento difícil de precisar —aunque ciertamente viene desde mucho antes de la caída del muro de Berlín— esta unidad de teoría y práctica con miras revolucionarias, no va más. Simple y llanamente se agotó. Lo que más daño ha sufrido —amén de haberlo provocado— es el marxismo como política: como forma de actuación identificable con fuerzas «de izquierda» que se reclamaban marxistas. Ello ha ocurrido, entre otras causas, por el desgaste teórico y sobre todo práctico de la categoría revolución entendida como asalto súbito al poder para desde ahí realizar una transformación más o menos instantánea y definitiva de la sociedad. Pero la explicación de esta caducidad podría ser mucho más compleja. A fin de cuentas, ¿tiene el mundo de hoy algo en común con el de Marx y su época?, ¿por qué una figura como la suya, tan propia del siglo XIX, tendría que importarnos hoy en día? Y, sin embargo...

¡FLASH!: MARX EN LA BBC.
El cable trajo la noticia. En octubre de este año una encuesta de la British Broadcasting Company hecha a través de internet sobre quién era «el pensador del milenio» daba a Marx como ganador. El significado exacto de este resultado es imposible de establecer si no se conocen los términos de la encuesta, su metodología, quiénes la respondieron, y mil detalles más [1]. Pero ya es significativo que, en un mundo poscomunista, Marx haya podido quedar, digamos, entre los cinco o diez primeros. Es decir, podemos suponer que una fracción significativa de quienes votaron por él lo disociaban del mundo soviético y del comunismo en general. Pero ¿con qué lo asociaban? No tengo cómo saberlo, pero puedo responder por mí mismo: ¿tiene el pensamiento de Marx, a mi modo de ver, alguna relevancia hoy? Quisiera por eso esbozar algunas reflexiones echando una mirada a dos temas infaltables en las discusiones de nuestros días.

GLOBALIZACIÓN Y POSMODERNIDAD.
Globalización y posmodernidad son dos categorías en las cuales no creo, pero absolutamente centrales del debate contemporáneo, aunque cada una se presenta ante la otra bajo signos aparentemente antitéticos. Mientras el discurso de la globalización proclama la unidad, la homogeneidad, la cuantificación, la ausencia de alternativas al actual orden capitalista mundial, y la objetividad técnica y científica; la posmodernidad, por el contrario, agita las banderas de la fragmentación, la diversidad, el azar y la subjetividad. Sin embargo, están lejos de enfrentarse, y antes bien se complementan. La globalización viene a colocar el férreo marco en el cual se sitúa el caleidoscopio de la posmodernidad. La diversidad de ésta sería poco más que un inocuo divertimento, pues a fin de cuentas ambos proclaman el fin de la historia, así como la futilidad de la revolución. La primera, porque considera que el orden actual es el único posible, y la segunda porque —poco más o menos— el orden no existe.

La posmodernidad tiene uno de sus puntos de apoyo en la actual crisis de las llamadas ciencias «duras», crisis según la cual ellas habrían pasado a ser las más «blandas» de cuantas existen. De ahí las humanidades y las ciencias sociales la han tomado como pretexto. Pero, sin embargo, la posmodernidad no ha penetrado en la ciencia económica. No en vano ésta se presenta, si no como el discurso, al menos como la gramática de la globalización. Pues bien, en razón de nuestro tema la pregunta básica viene a ser si el orden económico mundial sigue siendo capitalista. ¿Tiene algún sentido este término? ¿Marx nos sirve en algo al respecto? [2]

UN CAPITALISMO SIN MÁQUINAS NI CAPITALISTAS Y CON ASALARIADOS CAPITALISTAS
Veamos. El capitalismo de la época de Marx era industrial, mientras el de hoy ya no lo es. Obsolescencia del marxismo, se dirá. En particular desde esa fase industrial, el capitalismo no hace sino revolucionar una y otra vez las fuerzas productivas. A diferencia de revoluciones económicas y sociales anteriores, que buscan la estabilidad una vez que han triunfado, el capitalismo es una «revolución permanente». En los últimos tiempos esto ha llevado a lo que se llama la «desmaterialización» de la producción: la producción más importante hoy en día no sería la que produce objetos, sino la que genera, almacena y transmite conocimiento e información. Los libros de Alvin Toffler, amigo lector, nos instruyen sobre esto. En sus propias palabras: «los nuevos medios de producción no se encuentran en la caja de herramientas de un artesano ni en la pesada maquinaria de la era de las chimeneas. Antes al contrario, palpitan dentro del cráneo del empleado, donde la sociedad encontrará la fuente, de por sí más importante, de riqueza y poder para el futuro» (El cambio del Poder, p. 260).

Por su parte dice Peter Drucker que en el capitalismo de nuestros días no hay capitalistas, o en todo caso éstos son los trabajadores asalariados. Según él, los mayores inversionistas en EE.UU. son las cajas de pensiones [3], cuyos propietarios son... precisamente los asalariados. En rigor no son propietarios, dice Drucker, sino solamente fideicomisarios, y sus fondos no son sino sueldos diferidos. En rigor, tampoco serían capital. (La sociedad post-capitalista, pp. 84 y ss.).

Estos cambios trascendentales, ¿tomarían por sorpresa a Marx? Para el folklore marxista todo ello vendría a ser devastador, o cuando menos, muy difícil de tragar. Pero la sorpresa viene aquí, en estas líneas escritas hace más de 140 años:

«La naturaleza no construye máquinas, ni locomotoras, ferrocarriles, telégrafos eléctricos, hiladoras automáticas, etc. [...] Son órganos del cerebro humano, creado por la mano humana; fuerza objetivada del conocimiento. El desarrollo del capital fijo revela hasta qué punto el conocimiento o saber social general se ha convertido en fuerza productiva inmediata, y, por lo tanto, hasta qué punto las condiciones del proceso de la vida social misma han entrado bajo los controles del intelecto colectivo y remodeladas conforme al mismo.» «[...] el trabajo inmediato se ve reducido cuantitativamente a una proporción más exigua, y cualitativamente a un momento sin duda imprescindible, pero subalterno frente al trabajo científico natural, a la aplicación tecnológica de las ciencias naturales...» (Elementos fundamentales para la crítica de la economía política, 1857-1858, vol. 2, pp. 229-230 y 222. Siglo XXI, 1976).

De otro lado, la noción de «industria» no es una categoría teórica en Marx. Sí lo es, y muy importante, para predecesores suyos como Saint-Simon, o para contemporáneos nuestros como Dahrendorf o Bell. En cambio, la categoría central es para Marx... el capital. Y de él hace una definición estricta: no es el dinero, no son los medios de producción (lo que en su época serían sobre todo las máquinas, y en la nuestra el conocimiento aplicado). Es, valor que se autoexpande. En lenguaje corriente, algo así como inversiones que necesitan dar utilidades, que deben ser rentables. ¿Es que la riqueza ha dejado de funcionar de esta manera, por ejemplo, ahora que asumiría formas inmateriales e intangibles? La respuesta es No. Y que los personajes asuman nuevas fisonomías precisamente por el desarrollo de las fuerzas productivas es lo primero que afirmaría Marx. Si en razón de estos cambios hay que decir con André Gorz «¡adiós al proletariado!», en buena hora. La contradicción central del capitalismo no estaba para Marx en el antagonismo entre «burgueses» y «proletarios», sino en la antítesis entre el carácter crecientemente social de la producción, y el carácter privado de la apropiación.

Por último, y aunque usted no lo crea, tampoco para Marx la categoría de «propiedad» tenía un papel clave, sino la de apropiación. Lamentablemente esto tendré que demostrarlo en otra ocasión, pero a quien le interese vea El Capital, tomo I, sección VII, el numeral 1 del capítulo «Transformación del plusvalor en capital». Sin embargo, para decirlo en una frase, también los obreros pueden comportarse como capitalistas si usan sus recursos como «valor que se autoexpande».

LA ESCENA CONTEMPORÁNEA.
Nuestra escena contemporánea está caracterizada, hoy más que nunca, por el desarrollo de fuerzas productivas que van más allá de lo que el capitalismo puede controlar (estoy pensando en las amenazas planetarias a la ecología, por ejemplo). Son los cambios en las fuerzas productivas y de su lugar en la sociedad [4], la raíz de un escenario social tan fragmentario donde prácticamente no hay actores sociales ni políticos. De esta manera hay a la vez la aparición de múltiples pequeños poderes sociales y culturales, y el mantenimiento de los grandes poderes económicos y políticos. Así, lo que se da en llamar la posmodernidad no es un fenómeno pasajero sino constitutivo de los tiempos en que vivimos. Pero hay al mismo tiempo la creciente polarización entre países desarrollados y subdesarrollados, así como la aparición en los primeros de fenómenos de exclusión que antes eran sólo típicos de los segundos.

Ahora bien, para quien la noción marxista de capitalismo siga siendo significativa, no puede menos que rechazar de la posmodernidad su carácter dogmáticamente estático. A diferencia de Fukuyama, para quien la historia llegó a su fin, para la posmodernidad nunca habría existido; por lo tanto, o el capitalismo es eterno, o nunca tuvo lugar. De esta manera no sólo no puede responder de dónde viene ella misma, sino que tampoco puede plantearse la pregunta. No me parece que esta abstrusa incapacidad pueda ser racionalmente admitida.

UNA TRAGEDIA Y UNA SITUACIÓN INMEJORABLE
Al inicio mencioné la caducidad de la unidad de teoría y práctica en la revolución. Creo que hay ahí un peso muerto del que el pensamiento de Marx se ha liberado. Igualmente de la idea del proletariado como clase revolucionaria. De otro lado muchas ideas de Marx, adecuada o inadecuadamente comprendidas, han dejado hace tiempo de ser «marxistas», pues son aceptadas por todo el mundo, a veces con desconocimiento de su origen [5]. Con los argumentos que he esbozado aquí alguno podría pensar que la tragedia de su pensamiento habría estado en su utilización ideológica como arma de combate. No soy de esa opinión; sería como si las religiones hubiesen debido limitarse a escribir tratados teológicos, y no debieran haber redactado catecismos para no quedar distorsionadas.

La verdadera tragedia ha estado en que nunca, ni siquiera los más lúcidos —y a la vez independientes pero comprometidos intelectuales marxistas—, dialogaron, debatieron, discutieron, con los más lúcidos «intelectuales orgánicos» del capitalismo, de modo de conocer y reconocer mejor las transformaciones de éste. Eso es precisamente lo que hizo Marx. El hecho es que el «marxismo realmente existente» quedó sumamente desfasado frente a los cambios en la economía y la sociedad capitalista. Pero el potencial del pensamiento de Marx, así como sus límites, se mantiene intacto para quien sepa y quiera aprovecharlos.

ALGUNOS HITOS.
Creo, hasta nuevo aviso, que:

1) La idea de revolución, entendida en la forma en que la hemos indicado, ha quedado en justicia desprestigiada.
2) No hay, en consecuencia, una alternativa súbita al capitalismo.
3) Al mismo tiempo éste sigue padeciendo las mismas contradicciones económicas y socioculturales que Marx diagnosticara (por ejemplo, la incapacidad de dar un uso socialmente significativo al tiempo libre).
4) Por lo que cabe luchar, aun con todo lo improbable que pueda parecer, es por una autotransformación del capitalismo, que será lenta, gradual, errática y penosa. Me baso en que según sus mismos ideólogos el capitalismo muestra estar agotando sus límites conocidos y tendería hacia formas socializantes en la empresa y en lo que Aníbal Quijano denomina lo público-social [6].
5) Pero estos ideólogos soslayan o evaden la centralidad de problemas tales como el desempleo y la exclusión que en los países desarrollados sufren aquellos que no logran insertarse en los escalones superiores del sistema. Esto, sin pensar en los inmigrantes a tales países, y amén de la brecha creciente entre sociedades desarrolladas y subdesarrolladas. Si bien ello no es lo mismo que el aumento de la pauperización de la que habló Marx, sí se parece mucho al crecimiento de la miseria social.

La «vigencia» del pensamiento de Marx, no tiene por qué significar lo que Sartre pensaba hace medio siglo («el horizonte insuperable de nuestra época»), y menos aún lo que Lenin decía ochenta años atrás: «el marxismo es todopoderoso [sic] porque es verdadero». Muy por el contrario, ahora podemos tener una claridad mucho mayor sobre sus límites teóricos (las críticas de Habermas a partir de la comunicación y la cultura me parecen muy pertinentes). Por último, es indudable que a partir de la última década de este siglo [XX] estamos en una situación inmejorable: el derrumbe del comunismo nos da una libertad inédita hasta ahora para explorar con Marx los problemas del capitalismo contemporáneo, sin tener que pagar tributo a ninguna ortodoxia política.

Notas
[1] Bromeando al respecto podría suponerse que legiones de comunistas desocupados no habrían encontrado nada mejor para pasar el rato que convertirse en «marxonautas» del «ciberespacio». Es decir, habrían cambiado a los PC por los PC (personal computers).

[2] No quiero usar estas breves páginas en extraer citas que demuestren la «actualidad» de Marx, pero tampoco puedo resistir la tentación de incluir esta cita de Alain Touraine: «Relea el Manifiesto comunista de 1848 y quedará sorprendido al percibir lo actual que es. Sustituya, desde las primeras páginas 'burguesía' por 'globalización' y reencontrará inmediatamente el entusiasmo de los comerciantes y financistas de hoy y el poder aparentemente ilimitado de las fuerzas económicas victoriosas... La economía es poderosa otra vez. Se habla por todas partes del achicamiento de los estados nacionales, del desmoronamiento de los movimientos sociales... El escenario social y político aparenta estar vacío. No se habla de otra cosa sino de la economía mundial, tan poderosa, tan omnipresente, que parece estar fuera del alcance de los esfuerzos liliputienses de aquéllos que todavía intentan controlarla... Ningún texto define mejor la situación actual que la primera parte del Manifiesto comunista» (Alain Touraine, «El Manifiesto, documento actual», Revista de Ciencias Sociales, n.º 5, pp. 343 y 344. Universidad Nacional de San Agustín, Arequipa, noviembre de 1998).

[3] Salvando algunas distancias, vienen a ser algo así como nuestras AFP.

[4] Esto incluye la difusión electrónica de la información y el papel protagónico de los medios de comunicación masiva. Sin dejar de ser tales, las fuerzas productivas se han expandido fuera de la producción.

[5] Vayan como ejemplos, que el hombre es actor y autor de su propia historia, que esa historia no es la que los hombres querían, que las ideas sólo pueden entenderse a partir de las condiciones existentes y de aquellas a las que los hombres aspiran, que la realidad social está cruzada de conflictos, y muchas veces estructurada por ellos. Pero no olvidemos, como atingencia importante, que en materia de ideas no hay comienzos absolutos.

[6] Por ejemplo, Drucker afirma que las empresas actuales requieren trabajadores responsables y comprometidos. Pero ello a su vez supone que las empresas se responsabilicen y comprometan con sus trabajadores (¿lo tolera el mercado capitalista de trabajo, fuera del Japón?). Además —continúa— las empresas requieren ser socialmente responsables, y los trabajadores ser solidarios con sus comunidades más allá de la empresa: se requiere participación y trabajo voluntario. Es decir, buscar un sentido a la vida más allá del trabajo. Calculo que Marx estaría muy complacido de conocer estas cosas.
 
[Publicado en el n.º 121 de la revista peruana Quehacer, hace ya algunos años; algunos textos de este intersante pensador son accesibles en internet. Especialmente recomendable es su libro Batallas por la teoría. En torno a Marx y el Perú, Lima, Instituto de Estudios Peruanos, 2007, 559 pp.]

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“La CIA y Hollywood siguen siendo amigos íntimos”

 
El exagente Tony Mendez relata su papel en la crisis de los rehenes de la Embajada de EE UU en Teherán en 1979, evocada por Ben Affleck en ‘Argo’
La calidad de la linea telefónica no es demasiado buena, quizás porque en la Maryland rural esas cosas no son una prioridad, pero Tony Mendez (Eureka, 1940) lo tiene claro: “Si tú me oyes y yo te oigo podemos hablar”. Mendez, convertido ahora en una celebridad contra su voluntad (“créeme, prefería el anonimato, soy un tipo discreto”) es el hombre que en 1979 se las ingenió para irse a Irán, liberar a los seis rehenes estadounidenses que se ocultaban en la Embajada canadiense en Teherán, y volver para contarlo.

“Sí, ya sé que en la película parezco un hombre muy tranquilo y realmente lo soy, pero en aquella ocasión no las tenía todas conmigo, nunca creí que fueramos a salir de allí con vida. De hecho, hasta que aterrizamos en Zurich no asimilé que lo habíamos conseguido”. De aquella misión ultrasecreta (lo fue hasta que Clintón la desclasificó en su primer mandato en la Casa Blanca) ha sacado Ben Affleck una película, basada a su vez en el libro del propio Mendez (editado en España por RBA) y titulado Argo.

Este señor de 71 años y conversación sotto voce fue reclutado con poco más de 20 por la CIA para ser uno de sus elementos operativos: “Respondí a un anuncio para un trabajo en Colorado, la cosa despertó mi curiosidad y fui donde decían que debia ír. En realidad yo me dedicaba a pintar, quería ser artista. Cuando llegué allí un hombre me dijo que era de la Agencia Central de Inteligencia y que si estaba interesado en hacer algún trabajo para ellos. Les dije que sí y aquí estoy”.
El trabajo de Mendez en la organización de espionaje más poderosa del mundo podría parecer —a priori— algo aburrida: “Yo me dedicaba a falsificar documentos de todo tipo: pasaportes, carnets de conducir, cartas, salvoconductos, autorizaciones diversas… pero no lo hacía desde mi despacho porque en los años 60 y 70 para poder hacer bien ese trabajo tenías que conocer a fondo los países que emitían esos documentos. Así que lo de agente de campo venía ya con el puesto”.

Así fue como Mendez se vio en medio de una de las crisis con rehenes más célebres de la historia, provocado por el regreso del exilio del Iman Jomeini y el destierro del Sha: “Sabíamos que no había demasiadas opciones y que era cuestión de tiempo que encontraran a los seis funcionarios que habían conseguido escapar de nuestra embajada y refugiarse en la canadiense y pensamos algo lo más rápido posible”. Lo que la CIA hizo es inventarse un rodaje ficticio, aprovechando sus lazos con Hollywood: “Las relaciones de la Agencia con Hollywood siempre han sido muy provechosas para ambos. Ellos aprenden de nosotros y nosotros aprendemos de ellos. Por eso la CIA y Hollywood siguen siendo íntimos aún hoy en día. En aquellos tiempos nos ayudaban con todo tipo de cosas, empezando por el tema de los maquillajes y demás así que no fue difícil lograr que colaboraran en la idea”.

La idea, las localizaciones en Teherán de un falso filme llamado Argo, ha sido uno de los proyectos más descabellados de la historia de la CIA, ayudados especialmente por John Chambers (el maquillador de El planeta de los simios): “La película no lo cuenta tal y como sucedió pero se aproxima bastante. Por ejemplo no cuenta que teníamos otras soluciones aún más arriesgadas que no puedo comentar o que los rehenes no estaban en un solo edificio de Teherán sino en dos distintos. Eso sí, Ben Affleck [que le interpreta en la película] es más alto que yo y yo soy más guapo”, dice Mendez, más seco que un Martini (“así es como tiene que ser cuando todo el tiempo eres otra persona”, arguye cuando se le insinua su actitud taciturna) que a continuación se pone —aun más— serio cuando se le pregunta si el papel de la CIA en el mundo gracias a las nuevas tecnologías ha hecho innecesario agentes de un perfil como el suyo. “No, la tecnología solo sirve para una cosa: generar más información. Pero ¿qué hay que hacer después con esa información? Analizar y descodificarla, organizarla y ordenarla, y eso tienen que hacerlo operativos de carne y hueso. Los agentes de campo son hoy más importantes que nunca para el espionaje”.

Mendez, retirado del mundanal ruido junto con su esposa (Jonna Mendez, también exagente de la CIA durante 25 años) está satisfecho con el trabajo de Ben Affleck: “Yo hubiera escogido a Tommy Lee Jones pero Ben encaja más en la franja de edad que yo tenía en esa época. Lo que más me sorprende es que cada vez que la he visto en un cine, cuando llega el final y conseguimos huir la gente aplaude. Yo soy un espía: y los espías no estamos acostumbrados a estas cosas del cine...”.



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Del “mal menor al mal mayor” y la desaparición del liberalismo crítico

Traducido para Rebelión por Carmen López

Introducció
 
Es evidente que la Presidencia de Obama ha empujado el espectro político estadounidense más hacia la derecha. En la mayoría de las políticas internas y externas Obama ha adoptado posiciones extremistas sobrepasando a su predecesor republicano y en ese proceso ha deshecho lo que quedaba de los movimientos pacifistas y sociales de la última década. Además, la presidencia de Obama ha sembrado las bases para la extensión de políticas regresivas una vez pasadas las elecciones: recortes en la seguridad social y los programas Medicaid y Medicare. Los titulares y la oposición compiten por cientos de millones de dólares de donantes ricos a los que tendrán que compensar después de las elecciones a través de donativos, subsidios, reducciones de impuestos, políticas contra los trabajadores y el medio ambiente. La campaña de Obama no ha planteado ni una sola propuesta positiva, sin embargo ha articulado numerosas políticas militaristas y socialmente regresivas. Es una campaña del miedo, que se sirve de las propuestas reaccionarias de la alianza Romney-Tea Party: una tapadera para su historial de gasto militar sin precedentes, guerras consecutivas, expulsiones de inmigrantes, ejecuciones hipotecarias y rescates de Wall Street.
 
Durante este proceso, los críticos liberales han cruzado la línea, entregando su moralidad al desviar la atención de las políticas militaristas y socialmente regresivas de Obama para centrarse en “oponer a Romney” como el “mal mayor”: progresistas y críticos liberales han multiplicado y magnificado la duplicidad del aparato político de Obama. Por oponerse al presente “mal mayor” (Romney) se atreven a no enumerar y especificar los crímenes políticos gratuitos y la descomunales injusticias socioeconómicas de su “mal menor” (Obama). Serán honestos algún día estos “progresistas” y manifestarán públicamente: apoyamos a Obama en los “estados indecisos” porque “sólo” ha asesinado a 10.000 afganos, 5.000 Iraquíes, está matando de hambre a 75 millones de Iraníes vía sanciones, da 3000 millones de dólares a Israel para el desplazamiento de millones de palestinos, supervisa personalmente ejecuciones arbitrarias de ciudadanos estadounidenses y promete una amplia lista de asesinatos...porque Romney promete ser peor...Esperar honestidad de los partidarios de “males menores” es tan disparatado como tomar seriamente sus críticas entre elecciones.
El daño político incurrido a los movimientos sociales y a la clase trabajadora estadounidense bajo la presidencia de Obama no tiene precedentes y ha sentado las bases para una mayor regresión social y belicosidad imperialista

Consecuencias políticas de la presidencia de Obama: pasado, presente y futuro
L a presidencia de Obama y el periodo previo de su pasada y presente campaña electoral han tenido un impacto devastador en movimientos sociales y populares, comprometidos en cuestiones de paz, derechos laborales, migratorios y constitucionales, así como de regulación medioambiental

El movimiento por la paz desapareció virtualmente cuando sus líderes instaron a sus partidarios a enfocar sus actividades en la elección de Obama. Él los recompensó aumentando el gasto militar y participando en guerras consecutivas, de manera directa o indirecta, en siete países, sembrando el caos y la destrucción. Se enfrentó a una mínima oposición ya que muchos ex-activistas por la paz, consternados, se alejaron o se aferraron a un puesto y se disculparon por la guerra. En 2012, los líderes partidarios -menos pacifistas- repiten el mismo mantra para apoyar a Obama; pero no se atreven a repetir la última mentira (en el nombre de la “paz) sino que proclaman “la derrota de Romney”.

El movimiento por los derechos de los inmigrantes previo a la elección de Obama en 2008 movilizaba a varios millones de personas...hasta que fue infiltrado y tomado por politiqueros méxico-estadounidenses del partido Demócrata que lo convirtieron en una máquina electoral para asegurarse su propia elección y la de Obama. Éste recompensó a los inmigrantes estableciendo un récord: deteniendo, encarcelando y expulsando a un millón y medio de inmigrantes durante su mandato

El masivo movimiento por los derechos de los inmigrantes ha sido en gran parte desmantelado, y ahora políticos estafadores del partido Demócrata solicitan el voto de los desilusionados votantes inmigrantes.

Los afroamericanos fueron los más olvidados dentro de la clase trabajadora estadounidense durante el mandato de Obama. Experimentaron los niveles más altos de desempleo, de ejecuciones hipotecarias y los periodos más largos sin encontrar trabajo. Se volvieron políticamente invisibles ya que Obama se inclinó a buscar maneras de apaciguar a los rabiosos racistas blancos que buscaban etiquetarlo como un “presidente negro”. Líderes afroamericanos -políticos y religiosos- y celebridades de los medios de comunicación hicieron todo lo posible para bloquear cualquier oposición popular, reivindicando que sólo “reforzaría a los racistas” –ignoraban así el apoyo y rescate de Obama a la blanca Wall Street mientras le daba la espalda a millones de hogares afroamericanos bajo el agua. Sin un movimiento o liderazgo, temerosos del problema (racismo económico) y la solución (cuatro años más de invisibilidad con Obama) la mayoría de trabajadores afroamericanos están destinados a la abstención o a taparse la nariz y votar a “Oreo” Obama.

El movimiento Occupy Wall Street, precisamente porque era independiente del Partido Demócrata y cansado de la total subordinación de Obama a Wall Street, dio voz temporalmente a la vasta mayoría de la población que se opone a los dos partidos. Los funcionarios locales y estatales del partido Demócrata aplaudieron “la causa” y luego reprimieron el movimiento.

Un movimiento espontáneo sin dirección política, que a falta de un liderazgo político alternativo, fue incapaz de enfrentar el régimen de Obama: el movimiento declinó y se desintegró, siendo muchos de sus simpatizantes absorbidos por la campaña del “mal menor” de Obama. La animadversión de las masas populares hacia Wall Street fue calmada con la alegación de Obama de haber salvado “la economía” de la catástrofe con la canalización de 4'5 billones de dólares a los bolsillos de los banqueros.

Los derechos constitucionales fueron atacados salvajemente por la defensa de Obama en juicios militares, las torturas de la era Bush, la extensión del poder de arbitraje ejecutivo incluyendo poder presidencial para asesinar a ciudadanos estadounidenses sin un juicio previo.

Mientras algunas organizaciones legales libraban un buen combate por las libertades civiles, la gran mayoría de liberales brillaban por su ausencia en movimientos democráticos sostenidos que apoyen los derechos de 40 millones de estadounidenses bajo vigilancia policial, especialmente ciudadanos musulmanes e inmigrantes. Ellos escogieron no avergonzar al Presidente Demócrata: sobrepusieron la relección de un estado policial Demócrata por encima de su supuesta defensa de los derechos constitucionales. Nada de manifestaciones masivas por las libertades civiles; nada de protestas contra la política de Seguridad Nacional; nada de grandes movimientos por la libertad de expresión contra la abolición del derecho a criticar a Israel.

Durante décadas, la confederación de sindicatos y los movimientos de personas mayores defendieron la Seguridad Social, Medicare y Medicaid. Con Obama en el cargo, declarando y preparando abiertamente mayores reducciones y clausulas regresivas en la cobertura (aumentando la edad requerida) y la indización, no ha habido un movimiento de protesta significativo. Estos programas que casi durante un siglo (seguridad social) o medio (Medicare, Medicaid) se han considerado intocables están ahora, según Obama, “en la mesa” para ser despiezados (“reformados”, “ajustados”). Los millonarios jefes sindicales han empleado a un pequeño ejército de trabajadores para hacer campaña y recaudar 150 millones de dólares para re-elegir a un Presidente que promete hacer grandes recortes en los programas de sanidad para los pensionistas y los pobres. Obama ha legitimado las posiciones regresivas socialmente de la extrema derecha mientras que el Partido Demócrata ha neutralizado cualquier oposición sindical o movilización.

Por último pero no menos importante, el régimen de Obama ha cooptado críticos progresistas liberales y sociales de manera encubierta. En nombre de “oponer a Romney” expertos progresistas como Chomsky y Ellsberg, han acabado aliados con multimillonarios de Wall Street y Silicon Valley, militaristas del Pentágono, partidarios de la Seguridad Nacional e ideólogos sionistas (Dennis Ross) para elegir a Obama. Por supuesto, el apoyo de los progresistas será aceptado –aunque apenas reconocido- pero no tendrán ninguna influencia en la futura política de Obama después de las elecciones: serán desechados como condones usados.

El futuro: las consecuencias post-electorale

Con o sin la relección de Obama, su régimen y sus políticas han preparado el terreno para una agenda social aún más regresiva y reaccionaria: los niveles de vida incluyendo la sanidad, el bienestar y la seguridad social se reducirán drásticamente. Los afroamericanos permanecerán invisibles excepto para la policía y el racista sistema judicial. Los inmigrantes serán perseguidos y expulsados de sus casas y de sus trabajos: los sueños del estudiante inmigrante se convertirán en pesadillas llenas de temor e inquietud. Escuadrones de la muerte, guerras por poderes y teledirigidas se multiplicarán para apoyar a un imperio en bancarrota. Innumerables e hipócritas progresistas cambiarán de rumbo y criticarán al presidente que han elegido; o si fuera Romney atacarán los mismos vicios que pasaron por alto durante la campaña electoral de Obama: más recortes en gasto público; el cambio climático provocará un mayor deterioro en la vida diaria y la infraestructura básica; más inundaciones, incendios, plagas y apagones. Los neoyorquinos van a aprender a depurar el agua del wáter; quizá tengan que beberla y bañarse en ella. 

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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EL FUJIMORISMO NO PERDONA

Por: Agencia Andina

La beligerancia mostrada por un sector del fujimorismo en la ceremonia de investidura presidencial es una clara demostración de lo acertado de haber votado por Ollanta Humala en la segunda vuelta electoral, afirmó hoy el periodista y escritor Álvaro Vargas Llosa.

"Eso le recuerda al país que hizo bien en votar por Humala en la segunda vuelta, (…) si yo fuera parte del gobierno de Humala estaría feliz."

Sostuvo que Martha Chávez representa "la peor cara del fujimorismo", aquella que recuerda los excesos cometidos en la década de los noventa, y no la evolución democrática de la que hablaba la ex candidata presidencial Keiko Fujimori.

Vargas Llosa defendió el juramento del presidente Humala, pues dijo que todo aquel que ha seguido su carrera política, desde el levantamiento de Locumba, tendrá que admitir que la defensa de la Constitución de 1979 siempre estuvo en su agenda.

Consideró que la clase política ha tenido que aceptar la Constitución "espuria" aprobada durante el régimen fujimorista, después del autogolpe de 1992, porque se consideró, en su momento, que derogarla traería más problemas al país.

Pero eso –añadió– no es incompatible con que el Jefe del Estado invoque en su juramento los principios y valores de la Constitución de 1979.

"Lo que está haciendo (Humala) es una especie de retorno a sus raíces políticas, y si quieres también marcando un poco la cancha, efectivamente, con los fujimoristas. (…) Creo que no hay que exagerar, no estaba diciendo tampoco 'me voy a cargar' la Constitución de 1993", explicó.

El también politólogo y autor de diversos libros sobre América Latina saludó la composición del primer Gabinete de Humala, que preside Salomón Lerner Ghitis, pues es el cumplimiento de su compromiso asumido en la hoja de ruta de la segunda vuelta.

Refirió que, en resumidas cuentas, se trata de un Gabinete que asegura un manejo económico ortodoxo y una mejor administración del gasto social, pero además una mejor disposición de coordinar con el Congreso.

"La clave no va a estar en las individualidades, la clave va a estar en cómo las armonizas, las compaginas, y esa es la 'chamba' tanto del presidente (Humala) como del señor Lerner. Un gabinete mal coordinado puede terminar mal, (pero) bien compaginado puede terminar siendo un gabinete de lujo", manifestó en Panamericana Televisión.

Sobre el rol de la oposición en el próximo quinquenio, Vargas Llosa dijo que del lado del fujimorismo su reto es desprenderse de personas como Martha Chávez, que –reiteró– recuerdan el periodo autoritario.

En el caso de lo que llamó la "derecha democrática" sostuvo que su principal riesgo ahora es que sea subsumida por la oposición que puede hacer el fujimorismo, a través de su ala más dura, lo que desdibujaría su perfil político.

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GOOD BYE, DOCTOR GARCÍA

Por: César Hildebrandt | Hildebrandt en sus Trece.

Se fue usted de palacio siendo coherente con sus modales y su sentido del coraje: no acudió a entregar el relevo a quien, a pesar suyo, había ganado las elecciones.

Ahora, gracias a ese gesto, muchos habrán visto recién qué trémulo personaje se esconde detrás de ese gigante de vinilo que quiere mirarnos desde el morro solar. Porque a mí no me engaña, doctor García: ese cristo es usted. Es decir su enfermedad.

No ha hecho usted un gobierno apocalíptico como el que hizo la primera vez, lo que ha hecho es administrar, con un gran sentido de la oportunidad, el envión de prosperidad que nos viene, fundamentalmente, del precio internacional de los minerales.

Pero tras su gobierno el Perú no es más país, las instituciones no se han fortalecido, la marginalidad de millones no ha cesado, el estado no se ha rehecho.

Usted ha tenido millones para invertir. Pero el sur del Perú nos mira de reojo, Bagua espera con miedo y los pobres del país -que no son el 312 por cienteo, como mienten sus cifras - permanecen en sus guetos.

En suma, hay muchísimo más cemento pero la misma desintegración nacional, la misma incapacidad de involucrar a todos en un proyecto de país reconciliado.

Con usted, doctor García, las desigualdades se han acentuado y la riqueza extrema (si, existe) se ha concentrado más que nunca.

Si Basadre estuviera vivo diría que hemos perdido otra oportunidad y que otra prosperidad falaz pasará delante de nuestras narices. porque el Estado empírico y el abismo social - los dos grandes males que él diagnosticara - nos siguen persiguiendo.

Claro, a usted estas cosideraciones no le importan. Le interesa más, como a Odría en la derecha y a Belaunde en el centro, "la obra".

Pero el cemento, los rieles, los colegios se vuelven anónimos con el tiempo y los años los agrietan, oxidan y minan.

Son las obras del espíritu, las grandes ideas, las visiones generosas y la honradez las que prevalecen. Desde este punto de vista, doctor García, usted es excepcionalmente perecedero.

Martí no levantó una casa, Bolívar destruyó muchas en su noble guerra, San Martín no inauguró ni el balcón desde donde pronunció su discurso fundador. ¿Y tomás Jefferson? Firmó la declaración de Independencia de los Estados Unidos y fue un republicano predicador y convincente. ¿Qué inauguró?..Nada. Se limitó, eso sí, a fundar la histórica Universidad de Virginia. Y todos ellos viven junto a nosotros todavía. Viven tanto como murió el Woodrow Wilson que inauguró el canal de Panamá, una obra que equivale a las 150.000 que usted dice haber levantado en estos cinco años.

Hace tiempo que usted doctor García, renunció a todo aquello que amó en su juventud. No hay en usted ni un asomo de las ideas que lo encendían. Usted no sólo ha cumplido años en estas décadas: ha tenido que olvidarse de quién fué, ha asistido con gran serenidad y mucha elocuencia disimuladora, a sus propios funerales. Y quien nos ha gobernado este lustro es lo que quedó de usted cuando hizo las sumas y las restas que acabaron por perderlo.

Produce nostalgia recordarlo, doctor García. Era usted brillante, pobre de solemnidad, desprendido como Haya, honrado como quienes murieron en Chan Chan.

Esa promesa viviente empezó a morir en 1985, cuando usted acumuló sus primeros dineros de inexplicable origen. Terminó de morir en estos cinco años en los que usted ha redondeado sus proezas financieras. Adiós, doctor García. Hasta el 2016.

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LA DERECHA SE OPONE A LOS CAMBIOS

Por: Agencia Andina

La oposición a que se modifique el rol subsidiario del Estado refleja los intereses de algunos grupos económicos que se oponen al cambio, opinó hoy el analista político Nelson Manrique, quien se mostró a favor de modificar la Carta Magna de 1993.

Señaló que desafortunadamente en el país existen sectores conservadores que no comprenden la necesidad de "compartir", y que propician corrientes de opinión contrarias al cambio cuando ven peligrar sus intereses particulares.

Inclusive, opinó que estos sectores financiaron mediáticamente la "guerra sucia" contra Gana Perú en la campaña electoral de segunda vuelta por el temor al cambio. "Por qué molestarse con el tema de la subsidiaridad. Por qué el interés de unos cuántos banqueros que quisieran que el Estado no participe en nada", manifestó.

Señaló que a algunos les molestó la juramentación del presidente Ollanta Humala, "porque le devolvió el alma al pueblo", y dejó en claro que en esta oportunidad, la derecha perdió las elecciones y no gobierna.

Refirió que en el país es la derecha económica la que ha terminado gobernando, pese a que otros ganan las elecciones, y dijo que una muestra de ello fue el APRA, pese a su ideología y antecedentes de izquierda.

Manrique, catedrático del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Católica y autor de diversos ensayos sobre la realidad política y social del Perú, indicó que ahora lo que corresponde es impulsar la concertación y lograr acuerdos básicos, como ha sucedido con el tema del aumento del salario mínimo.

"Pongámonos de acuerdo en los problemas más generales y en los que hay consenso; no pongamos por delante lo que nos separa, y eso se debe impulsar en el Parlamento", refirió.

Enfatizó, además, la necesidad de modificar la actual Constitución y explicó que este cambio puede llevarse a cabo a través de los cauces que contempla la propia Carta Magna de 1993, elaborada tras el autogolpe de Estado de 1992.

"La propia Constitución admite cambios constitucionales, y se han hecho cambios; de lo que se trata es el debate, (donde se verá) qué debe permanecer y qué debe cambiar", agregó.

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Los socialistas y el nuevo gobierno: ¿QUÉ HACER?

Por: Augusto Malpartida León

Que me perdone Lenin por robarle el titular, pero cuando la situación se vuelve tan confusa, como ahora que Ollanta Humala ganó las elecciones, el hurto resulta el expediente más sencillo.

Primero, lo primero, la izquierda socialista sigue siendo tan marginal como hace 20 años. Hoy tiene un par de parlamentarios en Gana Perú, un gobierno regional, algunos alcaldes y regidores distribuidos por el país y paramos de contar. Lo que quedó de la izquierda de los 70 y 80 o se fue a su casa o se inscribió en el Partido Nacionalista Peruano en un esfuerzo heroico por encontrar una tabla que le permita aprovechar la corriente.

Segundo, la victoria de Ollanta Humala tiene un carácter popular desde los tuétanos. Desde el tipo de votante que hizo llegar al nacionalismo al 51%, hasta los ejes de la propuesta nacionalista planteados inicialmente en el 2006 y adecuados, "aggiornados", procesados, para el 2011.

Tercero, el sector de izquierda que firmó un acuerdo con Ollanta (Patria Roja luego de su aventura fallida con Fuerza Social, terminó apoyando en la segunda vuelta a Ollanta con un comunicado) puso todo lo que tenía, que no era mucho tampoco, al servicio de la campaña, con lo que el gobierno de Ollanta termina siendo "su" gobierno también. Esta es una situación un tanto incómoda porque el nivel de influencia que tiene en el nuevo gobierno es casi cero, y sin embargo va a tener que dar cuenta por decisiones en las que no tiene ninguna responsabilidad, porque nunca ha sido consultada. A decir verdad el acuerdo terminó cuando se definieron las candidaturas y ya, después de eso las decisiones de la campaña electoral le eran comunicadas vía los diarios y noticieros de radio y televisión.

Los que no tuvimos ningún acuerdo firmado, no estamos en mejor posición, hicimos campaña, algunos desde el 2005, y vemos pasar el vagón donde se toman las decisiones desde fuera del carrousel en que se ha convertido el tema de la preparación del nuevo gobierno, comisión de transferencia incluida.

Tochi, un dirigente histórico de la izquierda socialista resumía el asunto así: "no es nuestra hora, será nuestro gobierno, pero no nuestro gabinete". Y es que el "núcleo de acero" de esta trenza –para hablar en términos de Ricardo Letts- lo conforman Ollanta, Nadine, Lerner y Abugattás y hasta donde sé, ninguno tiene vocación por darle a la izquierda más espacio del que ya tiene. Y también es cierto que bastante trabajo van a tener con, además de gestionar el gobierno, convertir al PNP en un partido de verdad.

Entonces la izquierda socialista, pasada la justa alegría del triunfo, tendrá que asumir que ni va a ser gobierno, ni socia del gobierno. Pero tendrá que respaldar activamente al primer gobierno de raigambre y perspectiva popular de nuestra historia, que al final será la tarea más fácil. Lo difícil va a ser cómo en medio de esta situación se construye un partido de la revolución socialista capaz de ser un proyecto político viable, confiable y que genere entusiasmo, por lo menos, en millones de peruanos que buscan transformaciones duraderas.

El triunfo de Ollanta es un buen síntoma de las condiciones favorables que se abren. Un país izquierdizado ha colocado un presidente contra la campaña de la derecha, contra el poder de los de siempre. Que ganó por 3 puntos porcentuales, no interesa, esto es como el fútbol, no importa ganar por uno, dos o tres goles, lo realmente importante es ganar.

De aquí para adelante todo el arte se reduce a respaldar al nuevo gobierno, con suficiente independencia como para no terminar "nacionalizados" por él, es decir que seamos tan oficialistas que al final nos miren como lo mismo. Una clave en este terreno es la que dieron en su momento la huelga amazónica, la población de Islay, y en los últimos días los aymaras puneños y los estudiantes huancavelicanos, entre otros, "respaldamos pero tenemos agenda propia".

Y allí es en lo que tenemos que trabajar duro: ¿cuál es la agenda de la izquierda socialista hoy?, incidir en el nuevo gobierno para profundizar la política redistributiva desde la lógica de los derechos y no de los programas sociales que dependen de la buena voluntad del gobernante?, reintroducir en la agenda política el tema de la Asamblea Constituyente? retomar la idea de cambios drásticos en la economía en la lógica de generar un modelo económico alternativo al neoliberalismo a la bruta instaurado en la país? construirnos como partido?, resolver el impasse que se tiene con los movimientos sociales que se enfrentan al estado y a la lógica extractivista de los neoliberales peruanos? Recuperar el sentido subversivo, transformador, de la existencia de la izquierda socialista?

Probablemente todo esto y mucho más. Pero lo cierto es que sin agenda propia, la lucha por ministerios, vice ministerios, direcciones y subdirecciones, se convertirá en el nuevo campo de batalla de una izquierda que tiene grandes deudas con el país y la más grave de todas seguramente es haber carecido de voluntad de poder, en medio de una abundancia de ambición por el cargo doméstico.

23, junio, 2011.

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INVOCANDO AL CRISTO DE LO ROBADO

Por: Nelson Manrique | La República

Con el 70% de respaldo que, según Ipsos/Apoyo, otorgan los encuestados a Ollanta Humala entramos en la fase decisiva de la transición. Aparentemente el caballazo de Alan García, de imponer un Cristo de acrílico en el Morro Solar arrasando con la institucionalidad y utilizando los espacios públicos como si de su chacra se tratara, terminará imponiéndose. Ha sido decisivo el pronunciamiento de la Conferencia Episcopal bendiciendo el arranque presidencial: "Consideramos este noble gesto suyo, señor Presidente, como una manifestación de fe y una contribución a los valores que engrandecen el alma peruana". Gana Alan García en la escena oficial, pero pierde en el terreno que más le importa, mantenerse políticamente vigente hasta el 2016. Los nombres con que el ingenio popular ha bautizado a la efigie, especialmente "el Cristo de lo Robado", se encargarán de mantener viva la memoria de aquello que García quisiera ardientemente que se olvide.

En la línea de mantener viva esa memoria es necesario no dejarse cegar por los fuegos artificiales y prestar atención al juicio a los implicados en el chuponeo realizado por Business Track (BTR). Esta semana prestó su testimonio uno de los acusados principales: Carlos Tomasio de Lambarri, capitán de fragata (r) y segundo en la línea de mando encabezada por Elías Ponce Feijóo, ambos actualmente en prisión. Tomasio ha formulado una grave acusación que compromete la credibilidad del PJ: afirma que estaban con Ponce Feijóo en la Dirandro escuchando audios y tuvo lugar un imprevisto que desencadenó un conjunto de hechos irregulares: "Un policía dijo 'esa es la voz del presidente García'. En ese momento se paralizó todo, incluso los fiscales salieron del lugar, empezaron a llamar por teléfono y la diligencia nunca se reanudó" (LR, 18/6/11).

La grabación no figura entre los audios a los cuales tuvo acceso la jueza María Martínez. Es bueno recordar que cuatro memorias USB incautadas a Giselle Giannotti, con grabaciones de conversaciones telefónicas, se perdieron o fueron reemplazadas en medio de la investigación policial y judicial. Tomasio ha reconocido asimismo su implicación, conjuntamente con Ponce Feijóo, en la entrega de dos computadoras al ex agente de inteligencia naval Martín Fernández Vírhuez, quien en su momento reconoció en una audiencia oficial que estos equipos se utilizaron para chuponear los teléfonos de Alberto Químper y Rómulo León Alegría.

¿Confiesa Tomasio porque está interesado en que se haga justicia? Lo probable es que sus declaraciones tengan la misma motivación que las formuladas hace un tiempo por Ponce Feijóo, que reseñé en un artículo anterior: "Hablando sobre los actos de corrupción de Rómulo León (Ponce Feijóo) afirma que informó al Apra 'a través de los mismos intermediarios y canales que usé con el candidato Alan García en la campaña presidencial del 2006'... Gustavo Gorriti ha denunciado en su libro Petroaudios que el 2006 el entonces candidato García recurrió a Ponce Feijóo para que chuponeara a Ollanta Humala, faena recompensada cuando García llegó al poder ascendiendo al marino a contralmirante, a pesar de que ya había pasado al retiro" ("La mechadera del tío George", LR, 11/1/11). Aparentemente Ponce Feijóo y Tomasio están enviando el mensaje de que pueden hacer mucho daño si hablan, y los interesados tendrán que comprar su silencio.

La derrota de Keiko ha devuelto al fujimorismo a la defensa del verdadero punto único de su programa: la libertad de Alberto Fujimori. El panorama, sin embargo, no les es propicio; según la encuesta de Ipsos/Apoyo ya citada apenas un 28% de los encuestados opina que Fujimori debe ser amnistiado, un 36% considera que debiera endurecerse su régimen de reclusión, trasladándolo a una cárcel común, y un 29% cree que debe continuar en la Diroes. Con apenas una cuarta parte del país a favor de la amnistía y con las dos terceras que considera que debe cumplir la condena que le impuso la justicia, parece poco probable que Alan García se atreva a decretar una amnistía a cambio de los votos fujimoristas en el próximo Congreso, para protegerse de las investigaciones sobre corrupción que deberán ponerse en el orden del día.

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SEGURO GANADOR

Los dilemas de Ollanta

Por: Atilio A. Boron | Rebelión

Al momento de escribir estas líneas los "conteos rápidos" de todas las encuestadoras daban como ganador, si bien por un estrecho margen, a Ollanta Humala. De confirmarse estos anticipos el clima de renovación política y social instalado en América Latina desde finales del siglo pasado se verá considerablemente fortalecido. Un Perú que presuntamente abandonaría con el nuevo gobierno su postura de incondicional peón del imperio -lamentable situación a la que llegó no de la mano del conservador Alejandro Toledo sino del ex líder aprista Alan García- sería una bocanada de aire fresco para los gobiernos de izquierda y progresistas de Nuestra América.

No es un misterio para nadie que Washington desplegó todo su arsenal financiero, político y propagandístico para impedir el triunfo de Humala. El nerviosismo evidenciado la semana pasada por la "comunidad de negocios" del Perú, que al igual que sus homólogas de otras partes del mundo tiene acceso a información que los demás no tienen, reflejaba la preocupación que causaba en sus filas la eventual derrota del fujimorismo: a causa de ello la bolsa de Lima registró una baja del 6 por ciento.

El establishment peruano, personificado desde el siglo diecinueve por su intelectual orgánico, el diario El Comercio, asumió con tal descaro su rol de organizador del anti-humalismo que el mismísimo Mario Vargas Llosa renunció a seguir escribiendo en sus páginas. La CNN no le fue en zaga: el viernes pasado su principal presentadora, Patricia Janiot, sometió al candidato de Gana Perú a un interrogatorio que por su forma y por su contenido la descalifican, por enésima vez, como periodista y la confirman en cambio como operadora política al servicio de la Casa Blanca. El gobierno de Alan García, por supuesto, no se quedó atrás en esta cruzada derechista. Pero su desprestigio es tan grande que su partido, el APRA, ni siquiera pudo presentar un candidato en estas elecciones presidenciales.

No deja de ser significativo que pese al "éxito" evidenciado por sus indicadores macroeconómicos el Perú no haya logrado reducir la pobreza y la desigualdad económica y social. Una vez más se comprueba que en ausencia de una fuerte vocación reformista la lógica de la acumulación capitalista concentra la riqueza y polariza a la sociedad. El "efecto derrame" es una superstición astutamente fabricada por los propagandistas del imperio. Y, al igual que otros casos en la región, convendría preguntarse qué es lo que se quiere decir cuando se habla de "éxito". Si por tal cosa se entiende el aumento de las ganancias de los capitalistas el neoliberalismo ha sido ciertamente exitoso; pero si "éxito" quiere decir, como debería, mayor bienestar y mejor calidad de vida para las grandes mayorías nacionales, autodeterminación nacional, soberanía económica, o el "buen vivir" de nuestros pueblos originarios, el experimento neoliberal ha sido un rotundo fracaso. Por si lo anterior fuera poco erosionó gravemente la legitimidad de los regímenes democráticos, tanto en Latinoamérica como en Europa. Cuando los "indignados" de España exigen una democracia verdadera están reaccionando ante la degradación política causada por las políticas de ajuste y estabilización del FMI y del BM.

Retomando el hilo de nuestra argumentación, al intentar atisbar lo que podría reservar el futuro para el Perú convendría descartar hipótesis maximalistas: este país firmó un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos -puesto en marcha el 1º de Febrero del 2009- y los condicionamientos que el imperio introdujo en ese acuerdo no deberían ser subestimados. Por otra parte, la coalición electoral forjada por Humala será otro elemento restrictivo en caso de que se despierte en el nuevo presidente la vocación "bolivariana" que muchos le atribuyen pero que se cuidó de agitar durante el curso de su campaña. Y sus enemigos: la oligarquía y las transnacionales, ambas sostenidas por Washington, son demasiado poderosos como para desafiarlos sin preparar cuidadosamente la batalla. Pero es un hombre que ha denunciado como pocos las injusticias que desde tiempos inmemoriales se perpetran en el Perú, y hay razones para suponer que será fiel a tan nobles sentimientos. Además, las enseñanzas que dejan recientes elecciones - Chile en el 2010; España hace dos semanas, y Portugal ayer- son un sobrio recordatorio de que ante la gravedad de la crisis capitalista y la acentuación de la congénita incapacidad de ese sistema para repartir siquiera con un mínimo de equidad los frutos del crecimiento económico (más que evidente en el "milagro peruano"), la adopción de una política resignada y "posibilista" que continúe por el sendero no precisamente luminoso trazado por sus antecesores es el seguro camino para una resonante derrota a la vuelta de unos pocos años.

Hay un viejo dictum de la teoría política que dice que los pueblos prefieren el original a la copia: eso lo sufrieron en carne propia la Concertación en Chile, el PSOE en España, y el (mal llamado) Partido Socialista en Portugal. Pero más allá de estas notas llamando a la cautela es de celebrar que en un momento en que en América Latina el imperialismo y la reacción están pasando a la contraofensiva con inusitada agresividad, cercando a la región con bases militares, el triunfo de Ollanta Humala modifica sensiblemente el tablero geopolítico regional en un sentido contrario a los intereses imperiales

Su victoria bien podría marcar el hito que anuncie la reversión de esa nefasta tendencia. Por lo pronto, la liga reaccionaria del Pacífico, pacientemente construida por Washington para neutralizar a la UNASUR y el ALBA, y que tenía como puntales a México, Colombia, Perú y Chile perdió una de sus dos piezas vitales para el control de la Amazonía, nada menos. ¡No es poca cosa, brindemos con un buen pisco!

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LA FRACTURA IRRESUELTA 2.0

Por: Nelson Manrique
Apenas unas horas nos separan de una elección crucial para el destino del Perú. El proceso electoral nos ha dado numerosas sorpresas; una de las más llamativas es la flagrante contradicción entre la fuerte desconfianza que proclaman buena parte de los peruanos con relación a los dos candidatos y el apasionamiento con que respaldan a uno y tratan de cerrar el paso al otro.

Dos días antes de las elecciones las encuestas confirman que se mantiene un empate técnico que no ha podido romperse a lo largo de un mes. Los representantes de las empresas encuestadoras afirman que es imposible señalar quién será el ganador, debido a lo estrecho del margen que los separa y a que los resultados de los sondeos serios, que otorgan una ligera ventaja a un contendor, se distribuyen más o menos uniformemente a favor de uno y otro candidato.

El país se encuentra dividido pues en dos, pero la cesura no es uniforme: mientras Lima otorga un fuerte apoyo a Keiko Fujimori el interior del país -especialmente las regiones centro y sur- respalda masivamente a Ollanta Humala. La escisión entre el Perú costeño y globalizado y el Perú serrano e indígena vuelve a plantearse descarnadamente. Este no es un fenómeno excepcional: si se observa la distribución geográfica del voto existe una clara continuidad en el respaldo a Ollanta Humala en el centro y el sur desde el 2006; gruesamente estás regiones se han identificado históricamente con la izquierda, mientras que existe una clara asociación entre Lima y la costa y las opciones conservadoras. Hace unos años un amigo historiador me hizo una aguda observación: la forma cómo se divide políticamente el país hoy reproduce en buena medida las fronteras que vigentes durante la Guerra de la Confederación Peruano-Boliviana (1836-1839). Yo añadí que gruesamente estas fronteras son las mismas que se establecieron ante el levantamiento de Tupac Amaru. Aparentemente persisten pues problemas de larga duración no resueltos.

¿Cómo explicar esta terca fractura? Creo que una clave se encuentra en la escisión histórica entre el Perú criollo y la nación indígena. Cuando a fines del siglo XIX Manuel Gonzales Prada proclamó que no formaban la nación los 200,000 "encastados" que residían en la franja litoral y que el verdadero Perú estaba constituido por la muchedumbre de 3 millones de indios desperdigados al otro lado de la cordillera puso sobre la mesa una cuestión clave: la limitadísima base de legitimidad de una República cuyo principio de fundación proclamaba que la soberanía residía en el pueblo, al mismo tiempo que excluía, en la definición misma de lo que era ese "pueblo", a más de las nueve décimas partes de la población. El desafío para la nación era cómo integrar a esa inmensa mayoría indígena excluida de la ciudadanía. La cuestión nacional, se decía, era cómo integrar el indio a la Nación. Pero la república criolla prefirió desentenderse del problema.

Existe una diferencia muy importante entre el Perú y otros países de América Latina que tienen una importante población indígena. En México, Guatemala, Ecuador y Bolivia las capitales -los centros neurálgicos del poder político y económico- se establecieron en la sierra, en zonas densamente pobladas por indígenas. El indio no podía ser pues obviado pues su sola presencia física lo convertía en un tema inevitable del debate nacional. Pero Lima es una ciudad situada en el litoral, que históricamente ha mirado hacia afuera, poniéndose de espaldas al país. La exclusión de los analfabetos del derecho al voto perpetuó la exclusión de los indígenas de la ciudadanía por más de un siglo: en un país donde se alfabetiza en castellano, un indígena monolingüe es por definición un analfabeto. Recién en la Constitución de 1979, más de 150 años después de nuestro nacimiento a la vida independiente, se les otorgó el derecho a votar, el más elemental derecho ciudadano.

Aparentemente la fractura debiera haberse resuelto con la masiva migración de millones de peruanos de la sierra a la costa y del campo a la ciudad, que a lo largo de la segunda mitad del siglo XX "andinizó" a Lima y las otras grandes ciudades del litoral. Pero los profundos cambios objetivos vividos por la sociedad peruana -que la hicieron transitar de su pasada condición serrana, rural e indígena, a la presente, costeña, urbana y mestiza- no fueron acompañados de similares cambios en las subjetividades. Aquí no se vivieron revoluciones antioligárquicas de raigambre popular, como las que experimentaron México (la revolución mexicana), Argentina (el peronismo), Brasil (Getulio Vargas), o la revolución boliviana de 1952. En el Perú la posibilidad de una revolución antioligárquica popular se frustró cuando el Apra (en sus orígenes el partido antioligárquico y antimperialista por excelencia) decidió aliarse con la oligarquía a través de la Convivencia (1956-1962) y la Súperconvivencia (1963–1968). El reformismo representado por Fernando Belaunde, por otra parte, se mostró incapaz de realizar los cambios que había prometido.

A la paradoja de un partido antioligárquico que terminó aliándose con la oligarquía que debiera haber destruido se sumó entonces la de una fuerza armada que abandonó su función de defender a la oligarquía y que terminó liquidándola. La revolución antioligárquica en el Perú fue realizada por los militares; el velasquismo acabó con la oligarquía: liquidó a los barones del azúcar y del algodón, a los terratenientes costeños y serranos y al "imperio Prado": la columna vertebral del poder financiero de una clase dominante cuya base de poder era la propiedad de la tierra. Nunca, desde la independencia, se había realizado un cambio tan radical. Pero el proyecto militar fue una revolución "desde arriba ", vertical y autoritaria, que rechazaba la participación de las masas cuyos intereses había decidido defender y era abiertamente hostil a cualquier forma de participación popular. Esa ausencia de participación popular permitió que el poder de la oligarquía en el terreno simbólico permaneciera más o menos indemne y creó la escisión –fundamental para la comprensión de nuestros problemas políticos contemporáneos- entre una sociedad que durante las últimas décadas ha experimentado muy profundos cambios objetivos, mientras que las subjetividades se han quedado estancadas.

La realidad cambia radicalmente, pero los ojos con que se la observa siguen aprisionados por los viejos esquemas mentales oligárquicos. El racismo expresado por jóvenes ppkausas durante la primera vuelta (aún deambulan por las redes sociales algunos melancólicos especímenes derramando su bilis, luego de que el gringo reconociera que los meció) expresa esa incapacidad de reconocer los cambios que el Perú ha experimentado; ese permanecer aprisionado por lo que Fernand Braudel denominó "esas cárceles mentales de larga duración". Pero la discriminación es un camino de doble vía: la ejercida de arriba hacia abajo genera una reacción proporcional en la dirección contraria. La oposición entre los criollos costeños y los serranos indígenas, por otra parte, tiende a reproducirse en el corazón mismo de la capital; en esta Lima donde, paradoja de las paradojas, reside ahora la población de quechuahablantes más grande del país, aunque nunca se oiga en las calles hablar quechua, como es normal en Quito o La Paz.

La carencia de una derecha liberal en el Perú es la consecuencia de la ausencia histórica de una clase dirigente. Hace unas semanas Julio Cotler me hizo la observación de que mientras que México se da el lujo de tener a un intelectual de derecha del vuelo de Enrique Krauze en el Perú en ese espacio político impera un páramo intelectual. Una clase dirigente se distingue de una simple clase dominante por su capacidad de presentar sus propios intereses como los intereses generales de la nación. Enrique Florescano ha mostrado cómo desde fines del siglo XVIII los criollos mexicanos buscaron apropiarse de la tradición azteca para presentarse como la continuidad de un proyecto histórico nacional que hundía sus raíces en el México prehispánico. Los criollos peruanos, en cambio, se preocuparon más bien por marcar distancias con el legado histórico incaico y reivindicar su castiza identificación con la "madre patria" hispánica. Por eso, mientras en México en la plaza principal -el Zócalo- se rinde homenaje a Cuauhtemoc, el líder de la resistencia indígena contra la conquista (ahora están restaurando el imponente Templo Mayor) en Lima tuvimos en la Plaza Mayor la estatua de Francisco Pizarro y la pequeña delegación que, al conmemorarse el quinto centenario del eufemísticamente denominado "Encuentro de Dos Mundos", fue a depositar una ofrenda floral ante la piedra que recuerda a Taulychusco -el último curaca que gobernó Lima- terminó en la comisaría.

La adhesión militante de la derecha peruana al fujimorismo en estas elecciones repite simplemente el viejo reflejo de mirar el Perú como su hacienda. Mientras que en Chile Augusto Pinochet -otrora el héroe de la derecha – se enterró políticamente cuando se supo que había usado su poder para robar, aquí la derecha prefiere mirar a otro lado y silbar ante el pillaje de 6000 millones de dólares por la banda de Fujimori y Montesinos, la organización del grupo Colina y los crímenes de lesa humanidad, la esterilización forzada de 300,000 mujeres indígenas, la destrucción de la institucionalidad sometiendo a las fuerzas armadas, los poderes ejecutivo, legislativo y judicial bajo el control de una camarilla delincuencial atrincherada en el Servicio Nacional de Inteligencia -que fue elevado al rango de cuarta arma de las Fuerzas Armadas, al mismo nivel que el ejército, la marina y la aviación-, la compra al contado de medios de comunicación, jueces y parlamentarios y la corrupción y el narcotráfico erigidos en política de estado. Ahí están los 120 kilos de pasta básica de cocaína encontrados en el año avión presidencial como el símbolo de una era. Semanas atrás se usaba como justificación el argumento de que Keiko era diferente de su padre. Ahora hasta ese taparrabos ha sido abandonado y se reivindica abiertamente el legado fujimorista como su principal carta de presentación. Esta es una derecha capaz de vender su alma al diablo para defender sus intereses económicos.

Cuando en la época de Juan Velasco Alvarado una investigadora amiga empezó a entrevistar a empresarios para conocer sus actitudes frente a la comunidad industrial se dio con la sorpresa de que su resistencia se basaba no tanto en la defensa de sus intereses económicos como en que les parecía inconcebible tener que sentarse en la misma mesa con "los cholos". Los reflejos coloniales por encima de la conciencia de clase burguesa.

Votar por Keiko Fujimori no es pues sólo legitimar el crimen y la corrupción que históricamente han caracterizado al fujimorismo que ella encabeza. Es votar por mantener esa escisión fundamental que desgarra el país desde su fundación. La vieja escisión entre el Alto Perú y el Bajo Perú sigue proyectando su sombra sobre nosotros. Nos condenamos, así, a permanecer atrapados en ese círculo vicioso que cierra el camino hacia cualquier futuro previsible. Permaneciendo, como escribió José María Arguedas, "sin embargo, separados sus gérmenes y naturalezas, dentro de la misma entraña, pretendiendo seguir sus destinos, arrancándose las tripas el uno al otro, en la misma corriente de Dios, excremento y luz". -- http://www.terca.tk

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