martes, 2 de agosto de 2011

EL FUJIMORISMO NO PERDONA

Por: Agencia Andina

La beligerancia mostrada por un sector del fujimorismo en la ceremonia de investidura presidencial es una clara demostración de lo acertado de haber votado por Ollanta Humala en la segunda vuelta electoral, afirmó hoy el periodista y escritor Álvaro Vargas Llosa.

"Eso le recuerda al país que hizo bien en votar por Humala en la segunda vuelta, (…) si yo fuera parte del gobierno de Humala estaría feliz."

Sostuvo que Martha Chávez representa "la peor cara del fujimorismo", aquella que recuerda los excesos cometidos en la década de los noventa, y no la evolución democrática de la que hablaba la ex candidata presidencial Keiko Fujimori.

Vargas Llosa defendió el juramento del presidente Humala, pues dijo que todo aquel que ha seguido su carrera política, desde el levantamiento de Locumba, tendrá que admitir que la defensa de la Constitución de 1979 siempre estuvo en su agenda.

Consideró que la clase política ha tenido que aceptar la Constitución "espuria" aprobada durante el régimen fujimorista, después del autogolpe de 1992, porque se consideró, en su momento, que derogarla traería más problemas al país.

Pero eso –añadió– no es incompatible con que el Jefe del Estado invoque en su juramento los principios y valores de la Constitución de 1979.

"Lo que está haciendo (Humala) es una especie de retorno a sus raíces políticas, y si quieres también marcando un poco la cancha, efectivamente, con los fujimoristas. (…) Creo que no hay que exagerar, no estaba diciendo tampoco 'me voy a cargar' la Constitución de 1993", explicó.

El también politólogo y autor de diversos libros sobre América Latina saludó la composición del primer Gabinete de Humala, que preside Salomón Lerner Ghitis, pues es el cumplimiento de su compromiso asumido en la hoja de ruta de la segunda vuelta.

Refirió que, en resumidas cuentas, se trata de un Gabinete que asegura un manejo económico ortodoxo y una mejor administración del gasto social, pero además una mejor disposición de coordinar con el Congreso.

"La clave no va a estar en las individualidades, la clave va a estar en cómo las armonizas, las compaginas, y esa es la 'chamba' tanto del presidente (Humala) como del señor Lerner. Un gabinete mal coordinado puede terminar mal, (pero) bien compaginado puede terminar siendo un gabinete de lujo", manifestó en Panamericana Televisión.

Sobre el rol de la oposición en el próximo quinquenio, Vargas Llosa dijo que del lado del fujimorismo su reto es desprenderse de personas como Martha Chávez, que –reiteró– recuerdan el periodo autoritario.

En el caso de lo que llamó la "derecha democrática" sostuvo que su principal riesgo ahora es que sea subsumida por la oposición que puede hacer el fujimorismo, a través de su ala más dura, lo que desdibujaría su perfil político.

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GOOD BYE, DOCTOR GARCÍA

Por: César Hildebrandt | Hildebrandt en sus Trece.

Se fue usted de palacio siendo coherente con sus modales y su sentido del coraje: no acudió a entregar el relevo a quien, a pesar suyo, había ganado las elecciones.

Ahora, gracias a ese gesto, muchos habrán visto recién qué trémulo personaje se esconde detrás de ese gigante de vinilo que quiere mirarnos desde el morro solar. Porque a mí no me engaña, doctor García: ese cristo es usted. Es decir su enfermedad.

No ha hecho usted un gobierno apocalíptico como el que hizo la primera vez, lo que ha hecho es administrar, con un gran sentido de la oportunidad, el envión de prosperidad que nos viene, fundamentalmente, del precio internacional de los minerales.

Pero tras su gobierno el Perú no es más país, las instituciones no se han fortalecido, la marginalidad de millones no ha cesado, el estado no se ha rehecho.

Usted ha tenido millones para invertir. Pero el sur del Perú nos mira de reojo, Bagua espera con miedo y los pobres del país -que no son el 312 por cienteo, como mienten sus cifras - permanecen en sus guetos.

En suma, hay muchísimo más cemento pero la misma desintegración nacional, la misma incapacidad de involucrar a todos en un proyecto de país reconciliado.

Con usted, doctor García, las desigualdades se han acentuado y la riqueza extrema (si, existe) se ha concentrado más que nunca.

Si Basadre estuviera vivo diría que hemos perdido otra oportunidad y que otra prosperidad falaz pasará delante de nuestras narices. porque el Estado empírico y el abismo social - los dos grandes males que él diagnosticara - nos siguen persiguiendo.

Claro, a usted estas cosideraciones no le importan. Le interesa más, como a Odría en la derecha y a Belaunde en el centro, "la obra".

Pero el cemento, los rieles, los colegios se vuelven anónimos con el tiempo y los años los agrietan, oxidan y minan.

Son las obras del espíritu, las grandes ideas, las visiones generosas y la honradez las que prevalecen. Desde este punto de vista, doctor García, usted es excepcionalmente perecedero.

Martí no levantó una casa, Bolívar destruyó muchas en su noble guerra, San Martín no inauguró ni el balcón desde donde pronunció su discurso fundador. ¿Y tomás Jefferson? Firmó la declaración de Independencia de los Estados Unidos y fue un republicano predicador y convincente. ¿Qué inauguró?..Nada. Se limitó, eso sí, a fundar la histórica Universidad de Virginia. Y todos ellos viven junto a nosotros todavía. Viven tanto como murió el Woodrow Wilson que inauguró el canal de Panamá, una obra que equivale a las 150.000 que usted dice haber levantado en estos cinco años.

Hace tiempo que usted doctor García, renunció a todo aquello que amó en su juventud. No hay en usted ni un asomo de las ideas que lo encendían. Usted no sólo ha cumplido años en estas décadas: ha tenido que olvidarse de quién fué, ha asistido con gran serenidad y mucha elocuencia disimuladora, a sus propios funerales. Y quien nos ha gobernado este lustro es lo que quedó de usted cuando hizo las sumas y las restas que acabaron por perderlo.

Produce nostalgia recordarlo, doctor García. Era usted brillante, pobre de solemnidad, desprendido como Haya, honrado como quienes murieron en Chan Chan.

Esa promesa viviente empezó a morir en 1985, cuando usted acumuló sus primeros dineros de inexplicable origen. Terminó de morir en estos cinco años en los que usted ha redondeado sus proezas financieras. Adiós, doctor García. Hasta el 2016.

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LA DERECHA SE OPONE A LOS CAMBIOS

Por: Agencia Andina

La oposición a que se modifique el rol subsidiario del Estado refleja los intereses de algunos grupos económicos que se oponen al cambio, opinó hoy el analista político Nelson Manrique, quien se mostró a favor de modificar la Carta Magna de 1993.

Señaló que desafortunadamente en el país existen sectores conservadores que no comprenden la necesidad de "compartir", y que propician corrientes de opinión contrarias al cambio cuando ven peligrar sus intereses particulares.

Inclusive, opinó que estos sectores financiaron mediáticamente la "guerra sucia" contra Gana Perú en la campaña electoral de segunda vuelta por el temor al cambio. "Por qué molestarse con el tema de la subsidiaridad. Por qué el interés de unos cuántos banqueros que quisieran que el Estado no participe en nada", manifestó.

Señaló que a algunos les molestó la juramentación del presidente Ollanta Humala, "porque le devolvió el alma al pueblo", y dejó en claro que en esta oportunidad, la derecha perdió las elecciones y no gobierna.

Refirió que en el país es la derecha económica la que ha terminado gobernando, pese a que otros ganan las elecciones, y dijo que una muestra de ello fue el APRA, pese a su ideología y antecedentes de izquierda.

Manrique, catedrático del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Católica y autor de diversos ensayos sobre la realidad política y social del Perú, indicó que ahora lo que corresponde es impulsar la concertación y lograr acuerdos básicos, como ha sucedido con el tema del aumento del salario mínimo.

"Pongámonos de acuerdo en los problemas más generales y en los que hay consenso; no pongamos por delante lo que nos separa, y eso se debe impulsar en el Parlamento", refirió.

Enfatizó, además, la necesidad de modificar la actual Constitución y explicó que este cambio puede llevarse a cabo a través de los cauces que contempla la propia Carta Magna de 1993, elaborada tras el autogolpe de Estado de 1992.

"La propia Constitución admite cambios constitucionales, y se han hecho cambios; de lo que se trata es el debate, (donde se verá) qué debe permanecer y qué debe cambiar", agregó.

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MONSIVAIS Y TALESE.

LAS DOS CARAS DE LA VERDAD

Por: Violeta Gorodischer | Página 12

Uno marcó el inicio de la crónica moderna en México y fue célebre por sus posturas políticas progresistas, sus análisis críticos de la sociedad latinoamericana y su forma desprejuiciada de abordar lo popular. El otro, padre del nuevo periodismo, descubrió que las estrategias literarias podían usarse para dar forma a las noticias e hizo del reportaje a figuras, escenas y temas de actualidad pequeñas joyas para sus lectores de revista. Los dos abordaron las culturas populares de sus países a un lado y otro de una frontera que parece separar dos mundos. Y ahora, por las casualidades del mercado editorial, dos libros que reúnen muchos de sus mejores trabajos llegan a las librerías argentinas. Carlos Monsiváis y Gay Talese: dos pioneros que, a pesar de todas las diferencias, no resultan tan distintos en el modo en que trazaron y exploraron el mapa de iconos y temas que dieron forma a las sociedades en la segunda mitad del siglo XX.

¿CÓMO NACE UN CRONISTA?

Un hijo de sastres italianos, criado a la sombra de la educación católica en las costas de Ocean City, es rechazado en doce universidades. Incluso llega a oír, detrás de una escalera de la sastrería familiar, la voz grave del director del colegio: "No tiene madera". Los contactos paternos logran que finalmente el muchacho ingrese a la Universidad de Alabama, y él elige periodismo. Muy pronto se aburre de la regla de las cinco W (who, what, when, where, why) y plantea que prefiere comunicar la noticia a través de la experiencia de sus protagonistas. Los profesores lo toman por un estudiante mediocre.

Al graduarse, en 1953, entra como cadete al New York Times y un día cualquiera, vagando por la zona de los teatros durante el almuerzo, se queda hipnotizado ante el enorme cartel luminoso de Times Square. No es que lea los titulares: él se pregunta cómo funciona eso, si acaso hay alguien que forma palabras con las luces. Sin dudarlo, el chico entra al edificio, sube la escalera y descubre a un hombrecito que lleva a cabo el procedimiento, de forma casi artesanal. En una mano los boletines, en la otra las cuñas de madera que debe meter en la ranura de la máquina. Alcanza un café para que el hombre admita que está ahí desde hace veinticinco años y se disponga a pasar revista a todo ese tiempo.

Y así nacía el primero de los cientos de artículos que Gay Talese escribió para el New York Times, antes de ser considerado junto a Tom Wolfe, el "padre del nuevo periodismo". Más tarde colaboraría para revistas como Esquire o Harper's Magazine y sería el autor de varios libros que lo harían mundialmente famoso. Entre ellos, Honrarás a tu padre, una historia sobre la mafia italiana en Nueva York para la que compartió muchas horas de pastas con la familia Bonanno, y La mujer de tu prójimo, una radiografía de la revolución sexual estadounidense allá por 1980. Durante la investigación, Talese se instaló en un centro nudista de California y regenteó dos prostíbulos. "En el colegio de mis hijas había chismes sobre el padre decadente y todo eso", declaró tiempo después, en una entrevista. "Pero nunca sentí que hubiera hecho algo malo. Era claramente un libro sobre la infidelidad y su prevalencia en la revolución sexual previa al sida. Y si escribes de eso, no lo haces desde una sala de prensa, como un periodista deportivo." Talese, se sabe, es devoto de la observación aguda y la información de primera mano.

Hasta aquí, entonces, la historia iniciática se construye en base a casualidades afortunadas. Pero el camino del cronista bien podría ser otro. También puede haber, hacia esa misma época, un inquieto estudiante de Filosofía y Letras, del otro lado de la frontera México-Estados Unidos. Un joven preocupado por los movimientos sociales de Latinoamérica, que realiza su primera huelga de hambre en el '58 para apoyar a los maestros mexicanos, junto a los intelectuales José Emilio Pachecho y Juan de la Cabada. El mismo chico que años después, en 1954, asiste a su primera marcha y ve cómo Diego Rivera empuja la silla de ruedas de Frida Kahlo, a dos días de su muerte, ya sin joyas y con la cabeza envuelta en un pañuelo. Ellos, y él, y los otros cinco mil, estaban ahí por la misma causa: protestar contra el golpe a Jacobo Arbenz y la invasión de los paracaidistas norteamericanos en lo que, aún hoy, muchos llaman "Guatemala City". A partir de esa marcha, Carlos Monsiváis hizo su primera crónica para un diario universitario. Ya podía verse el germen de esa hiperbólica capacidad analítica para atajar todo lo que le pusieran enfrente.

Con los años, tras escribir más de cincuenta libros, colaborar en diarios y participar activamente en todos los movimientos y fenómenos sociales de su país (desde el ingreso del Ejército Zapatista al Congreso, hasta el análisis de la noche mexicana), Monsiváis se transformó en una suerte de celebrity. Fue, como dijo Adolfo Castañón, el último "escritor público": todos en DF sabían quién era. Tal vez por esa manía tan suya de recorrer hasta el último antro, y rescatar a las minorías, y solidarizarse con las clases bajas, y sumarse a la lucha por los derechos indígenas y la despenalización del aborto, y arremeter contra los homofóbicos, y ridiculizar a los gobiernos corruptos y... un etcétera que abarca prácticamente toda la historia de México.

Cuenta su amigo Jordi Soler que en 1998, cuando U2 tocó en el DF, Bono pidió encontrarse con ese tal "Monsi". Le habían dicho que era la persona indicada si quería saber qué pasaba en aquel país donde aún gobernaba el PRI mientras los Zapatistas habían esparcido la sensibilidad indígena. En un inglés impecable, Monsiváis se llevó puesta la historia de la patria en un cuarto de hora: desde la caída de Tenochtitlán, hasta la dimensión planetaria del subcomandante Marcos. Y cuando terminó, comenzó a hablar con tanta pertinencia sobre el conflicto en Irlanda del Norte que Bono se quedó boquiabierto. Es que a Monsiváis le interesaba todo, lo sabía todo. De ahí que fuera una suerte de archivo viviente de México y, a su vez, la conciencia nacional.

Quiso la ¿casualidad? que dos editoriales, casi al mismo tiempo, saquen al mercado los "grandes éxitos" de estos dos cronistas self made, pioneros del género: Retratos y encuentros (Alfaguara), de Gay Talese, y Los ídolos a nado (Debate), de Carlos Monsiváis. Y aunque a primera vista no tendrían nada que ver el uno con el otro, hay en estos libros, tal vez en ellos mismos, más puntos de contacto de lo que parece.

SOY TU FAN

El tema es que, tanto Monsiváis como Talese, analizan y (de)construyen a través de sus crónicas un mapa de la cultura popular de sus países. ¿La estrategia elegida? El rescate de los ídolos. Claro que ahí donde Monsiváis elige a José Alfredo Jiménez, Agustín Lara y María Félix, Talese opta por Frank Sinatra, Muhammad Alí y al irlandés Peter O'Toole.

Desde las cálidas tierras aztecas, Carlos Monsiváis apuesta a lo que mejor le sale: cruzar la crónica con el ensayo ("croniensayos", las llamaban muchos) para deshilvanar las letras de las canciones o las escenas de las películas nacionales. Anulando las diferencias entre lo "alto" y lo "bajo", rescata lo cursi como esencia de la vida mexicana: "La cursilería es el idioma público de una sociedad que nunca ha prescindido del cordón umbilical que enlaza a banqueros con desempleados, a jerarcas de la Iglesia con mártires teóricos de la ultraizquierda, a literatos con analfabetos, a nobilísimas matronas con impías hetarias. La cursilería es otra (genuina) Unidad Nacional". Luego se frota las manos y se zambulle de cabeza en su material. Entonces habla de los sentimientos como el "capital moral de los pobres", lleva las rancheras al rango de poesías populares y ve en las letras de José Alfredo Jiménez una reivindicación del indígena carenciado, así como un cross directo al machismo, ahora que el chongazo mexicano se permite sufrir por amor ("Descendiente de Cuahtémoc/ mexicano por fortuna/ desdichado en los amores/ soy borracho y trovador/ Pero cuántos millonarios quisieran vivir mi vida/ y cantarle a la pobreza/ sin sentir ningún dolor").

Lejos de ridiculizar a Lara y su romanticismo, lo eleva a la categoría de "bohemio mexicano del siglo XX". Siempre un paso más allá, el cronista trasciende la descripción de la estrella para preguntarse "qué tipo de sociedad produce no a Lara sino al fenómeno Lara": el cantante es ruptura porque el conservadurismo quiere que lo sea. Cuando las clases medias urbanas superan la lucha armada (1925-1950) para quedarse tranquilitas al reparo de "las buenas costumbres", a Lara se le permite cantar sobre prostitutas porque es la única forma de hablar de sexo. Siempre bajo el manto del romanticismo, que persiste.

También se ocupa de la Doña Bárbara de María Félix como un personaje que, por primera vez, no reduce a la actriz por la inferioridad de su sexo. En la frase "Soy mujer de corazón de hombre", Monsiváis ve una reivindicación de los derechos femeninos. Aunque después, como es de esperarse, destroza con ironía todas las películas que siguieron. De la Félix sólo rescata su belleza simbólica (con chismes sobre la relación con Diego Rivera y Frida Kahlo incluidos) y decreta que la actriz fue dueña de todo aquello que las mujeres no podían obtener en la vida real. "En la pantalla, algunas (poquísimas) mujeres obtienen el sitio que la sociedad les niega". Algo así como la semilla del futuro feminismo mexicano.

La crónica monsivariana tiene entonces múltiples niveles: de la descripción del personaje al ensayo analítico, a la reflexión social y política. "Cuando Monsiváis se autodefine cronista, lo hace por razones políticas: para filiarse tras Salvador Novo y no Octavio Paz, actuando en contra de la división de trabajo entre el que piensa y el que informa, el que cuenta y el que hace teoría, el que declara y el que milita", sostiene María Moreno. "Pero para valorarlo a Monsiváis se lo traiciona en ese punto, situándolo más allá del cronista cuando lo que él propone es no separar al cronista del intelectual."

También Talese pone el foco en personajes del star system, pero de una forma bien distinta. El no es amigo de la reflexión explícita y hace algo mucho más sutil. Su maestría consiste en mostrar, como quien no quiere la cosa, los claroscuros de los ídolos más sólidamente instalados en el imaginario popular estadounidense. Ahí está Frank Sinatra, resfriado y gruñón, peleándose con chicos mucho más jóvenes que él en una cantina, o revoleando miradas de odio en el set de grabación porque las cosas no salen como quiere. O Muhammad Alí en su encuentro con Fidel Castro: dos de los hombres más grandes del siglo XX, retratados en su ocaso. Uno, mudo y tembloroso por el Parkinson, sólo atina a firmar desprolijos autógrafos y repetir un truco de magia una y otra y otra vez. El otro, mandatario de Estado, es demasiado torpe en las conversaciones y parece un abuelito que, en su chochera, pregunta varias veces lo mismo sin que ningún integrante del séquito se lo haga notar: "¿Hace mucho frío en Michigan?".

Talese se detiene también en las peleas maritales del boxeador Joe Louis al encontrarse con su esposa en el aeropuerto de Los Angeles; retrata la decadencia de otro boxeador, Floyd Patterson, regenteando un bar mientras asegura que no es él sino su hermano Raymond; ve la nostalgia de Joe DiMaggio cuando no puede sacarse a Marilyn de la cabeza y comparte la tristeza del actor Peter O'Toole, tan pelirrojo, tan solo y nostálgico: un borracho recostado sobre las verdes praderas de Irlanda, su tierra natal.

A grandes rasgos, uno podría decir aquí están las bases de su operación. Según Rodrigo Fresán, que caminó junto a él las calles de Madrid y le explicó de qué se trataba el fenómeno de los indignados ("¿Acaso no sabían que los políticos mienten siempre?", retrucó Gay), lo suyo es "rastrear la vida corriente de personas fuera de lo común y la vida fuera de lo común de personas corrientes". Porque también él, como Monsiváis, supo lanzarse a la calle a captar el encanto de los seres anónimos. Sólo que ahí donde el cronista mexicano era un flâneur salvaje que corría por DF dispuesto a robar las conversaciones del subte, colarse en el Congreso, o meterse hasta la madrugada en el mundillo gay de "El Catorce", Talese es un dandy que recorre Nueva York con sombrero, al ritmo lento del paseante solitario. Y así, como en aquella primera crónica del hombre de Times Square, explora el mundo bohemio de los gatos callejeros al tiempo que entabla jugosas conversaciones con masajistas, portuarios, borrachines, obreros, mujeres de la noche y porteros de Manhattan que, con sólo una mirada, pueden calcular la riqueza de un huésped más por el equipaje que por la ropa que lleva puesta.

EL CRONISTA INFINITO VS. EL MICROSCOPICO

¿Con qué lupa exploraría Talese la cultura mexicana? ¿Qué analizaría hoy Monsiváis de las calles neoyorquinas? Ambos fueron, son y seguirán siendo productos de un lugar y una época que los explican. La joven Latinoamérica, en su ebullición permanente, en sus democracias efímeras y en su tremenda injusticia social, enmarca la voluntad de registrarlo todo, de darle voz a quien nunca la tuvo, de desenredar la maraña cultural y echar un poco de luz sobre nuestras sociedades. De ahí que Carlos Monsiváis quisiera hurgar dentro de esa bolsa de gatos (y el término no es casual, teniendo en cuenta que tenía más de trece en su estudio) para devenir conocido y anónimo en su propio país: "No se puede ser anónimo en el DF porque si todos somos seres anónimos nadie lo es", declaraba en una de sus últimas entrevistas, poco antes de su muerte. "No es una paradoja: soy una persona conocida y soy un profesional del anonimato." Era un cronista infinito.

Estados Unidos, en cambio, mantuvo en la segunda mitad del siglo XX una estabilidad que permitió el surgimiento de hombres con la calma suficiente para observar, permanecer y hacer un registro minucioso del entorno. Pasado un tiempo, los Wolfe y los Thompson y los Capote y los Talese, sin ir más lejos, fueron retirando la lupa para contarle al resto del mundo lo que habían visto. Hoy, Gay Talese (que a diferencia de Monsi sigue vivo y todavía usa sombrero) apuesta a su jugada más arriesgada: la escritura de un libro sobre su propio matrimonio de ¡cincuenta años! con la editora Nan Talese. Claramente, la cima de un proyecto narrativo basado en resaltar los aspectos domésticos de la vida norteamericana. Es que, de alguna manera, Gay siempre regresa a esa escena fundacional del niño que colgaba la bandera de Estados Unidos en el balcón, pero a puertas cerradas oía la preocupación por los parientes italianos que peleaban para Mussolini. De ahí la frase que repite como un mantra y que sostiene todo su proyecto: "Las personas no son lo que parecen".

El, como Monsiváis, supo que había algo más allá de las apariencias y practicó un voyeurismo social que logró posicionarlo de una vez y para siempre. Al cronista infinito y al microscópico los cautivó por igual la observación del otro, pero también la de sí mismos: encontraron una manera de desautomatizar la mirada sobre lo cotidiano que les permitió innovar con un género radicalmente nuevo, cuando sus respectivos contextos lo pedían a gritos. Díganle crónica, no ficción o simplemente "otra forma de periodismo", Gay Talese y Carlos Monsiváis dieron forma a un estilo particular que, más de treinta años después, sigue vigente en su potencia. Y al final, con todas sus diferencias, no resultaron tan distintos.

Retratos y encuentros, Gay Talese, Alfaguara, 312 págs.

Los ídolos a nado, Carlos Monsiváis, Debate, 366 págs.

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AMY WINEHOUSE. EL ÚLTIMO BLUES

Por: Mariana Enriquez | Página 12

Mucho se dijo después de la inesperada muerte de Amy Winehouse la semana pasada. Se habló del Club de los 27, al que se sumaba y en el que la esperaban Hendrix, Joplin, Morrison, Brian Jones y Kurt Cobain, entre otros. La prensa mostró su impiedad siempre hablando de sus adicciones. Y los foros de Internet rebasaron de lugares comunes. Sin embargo, poco se dijo de la verdadera tradición a la que ya pertenecía en vida y que su muerte sólo puso todavía más en evidencia: la de las cantantes frágiles e indomables, que sufren por amor hasta morir.

Algo le pasó en apenas tres años, entre sus dos únicos discos. Cuando lanzó Frank, en 2003, un álbum todo promesa, jazzero, un poco inofensivo, un poco vela aromática, era una chica callejera de ojos acaramelados y curvas, con el pelo largo y un rostro que podía ser hermosísimo o muy extraño, rígido, lobuno. Era la chica nueva de la escena, del norte de Londres, descubierta por el rey de los productores Simon Fuller; la hija con suerte de un taxista y una farmacéutica que había crecido entre el hip hop y Frank Sinatra.

Cuando lanzó Back To Black, en 2006, había encontrado su voz, su estilo y su hombre, y había escrito canciones fabulosas, canciones que sonaban como clásicos, como standards y eran al mismo tiempo absolutamente contemporáneas. Estaba llena de tatuajes bastante espantosos, imágenes de chicas pin-up y el nombre de Blake, su amante, en el pecho. Usaba un rodete (beehive) enorme, que según ella crecía o se achicaba de acuerdo con sus estados de ánimo. El maquillaje de los ojos estaba inspirado en Cleopatra. Ella se parecía terriblemente a Ronnie Spector, pero no era una imitación, era una inspiración, una adaptación, una de las tantas pinceladas del personaje Amy Winehouse, la chica judía de Candem que cantaba como las mejores vocalistas negras de la historia. También, entre esos discos, conoció las drogas más complicadas y cantó sobre que no quería rehabilitarse, que prefería sufrir, en la hipercitada "Rehab". Después sí haría rehabilitación, muchas veces, pero la canción está siendo injustamente tomada como una declaración de principios, como una advertencia.

Amy Winehouse componía sus canciones y eso no se menciona tanto, a pesar de que es bastante raro en una artista pop contemporánea –o se dice que Back To Black es así de bueno por la producción de Mark Ronson, un productor indudablemente notable y clave, ¡pero que no le escribió esas melodías y esas letras!–. Amy escribió canciones sexuales, sensuales, tristes, de una femineidad desatada, sin miedo, sin falsa elegancia, just like a woman. Amy no era un robot super eficiente como Beyoncé ni una aniñada irritante como Katy Perry ni una loca de gimnasio como Fergie –-además de que era mejor cantante que las tres juntas–. Representaba un tipo de mujer muy brava y muy frágil, con problemas, a los gritos y a las risotadas, puteadora, amigable, cercana, infeliz, fiestera, preocupada. "You Know I'm No Good": "Lloré por vos sobre el piso de la cocina/ Me engañé como sabía que lo haría/ Te dije que soy un problema/ Sabés que no soy buena". En su voz suena todo cierto, sincero. Se la escucha llena de deseo, de ese deseo que retuerce el estómago, que es incómodo: esta mujer no es una diosa seductora invencible, esta mujer canta sobre la verdad. "Back To Black": "No perdió tiempo, mantuvo su pija húmeda/ Y yo, con la cabeza alta y las lágrimas secas, sigo adelante sin mi hombre.../ Solo nos dijimos adiós con palabras/ Morí cien veces/ Volvés con ella y yo vuelvo al negro".

Y su atención para el detalle es asombrosa: todo Londres está en sus canciones: el pan pitta, las papas fritas al paso, la Stella, los pubs. Y la forma que tenía de describirse a sí misma: "La vida es una cañería y yo soy un penique rodando por sus paredes".

EL CIELO Y EL INFIERNO

En esos años apareció Blake Fielder-Civil, musa de Back To Black. Un chico que trabajaba en videoclips, pero que nunca estuvo muy claro qué hacía. El chico que hoy todos acusan de haber iniciado a Amy en las drogas. Delgado, con sus trajecitos mod, es como un Pete Doherty con cara de hombre, anguloso, delgado. Cuando se conocieron él tenía novia, ella sufría y escribía "Love Is A Losing Game", canción de arrepentimiento, de por qué tuve que hacer esto; una canción extraordinaria. El disco salió, él volvió y se casaron en 2007. Enseguida Blake fue preso por pegarle al dueño de un pub y después ofrecerle plata para que se callara. Ella hizo lo que pudo con su ausencia apenas seis meses después del matrimonio –que se hizo a las corridas en Miami–. Lo visitó. Gritó su amor en público, dijo que sin él se moría, se emborrachó, se puso en el rodete gigante –el panal, le dicen– unos apliques con su nombre, lo nombró en cada canción, puso su nombre en su voz, "Blakey baby" siempre y en todos lados. Admitió que cuando él la sacaba de quicio, le pegaba; antes del arresto, Blake solía aparecer ensangrentado, rasguñado. Ella también. Ella nunca acusó a Blake de golpearla.

En 2009 se divorciaron, pero siguieron hablando. Probablemente se siguieron viendo. Hoy Blake está preso otra vez, por robo: salió a buscar dinero para su adicción. Tiene una nueva pareja, Sarah, y un bebé recién nacido, Jack. La chica nueva, hace apenas dos semanas, había amenazado públicamente a Amy para que dejara en paz a Blake ("Se mandan diez mensajes de texto por día", se quejó). Ahora aparece insólitamente conmovida por el derrumbe de su novio que, en la cárcel, tiene guardia permanente por si se suicida: "Cuando me llamó desde la cárcel para decirme que ella había muerto no lo pude consolar. Blake es el padre de mi hijo, pero cuando lo vi con Amy me di cuenta de que estaban enamorados, que eran almas gemelas. Pero no funcionaba. No podían vivir juntos, pero tampoco separados. Para mí fue muy dificil aceptar que él la amaba, pero lo entendí. Creo que Amy nunca pudo superar que Blake tuviera un hijo con otra mujer. Creo que eso la golpeó mucho".

Amy no hablaba mucho en entrevistas. En la que le dio a Rolling Stone en 2007, la tapa, contestó preguntas sobre Blake. Que todas las canciones eran sobre él, que cuando creyó que nunca iban a volver a verse, sencillamente quiso morir. Durante la entrevista, la periodista Jenny Eliscu la notaba distraída, le preguntaba qué pasaba y Amy respondía: "Estoy pensando en Blake". Blake estaba en la mesa de al lado.

LOS PERROS DE PRESA

Los detalles sórdidos de los últimos años de Amy Winehouse son todos públicos. Esos tropiezos y desbarranques que la mayoría vive en secreto eran para ella la tapa de los diarios. Amy descalza en jeans y un soutien colorado, sin maquillaje y llorando, esquelética, tristísima; dicen que esa foto se la sacó un amigo para que "viera hasta dónde había caído". Amy con manchas de sangre en los zapatos blancos, el jean desgarrado en la rodilla, la tela ensangrentada, un diente menos y los ojos en blanco; Amy desde la ventana de su casa, con una expresión terrible en la cara, como si alguien la hubiera encerrado allí para matarla de hambre; Amy con el vientre distendido de alcohol y falta de comida sobre piernas esqueléticas; Amy y el maquillaje corrido, los dedos quemados por la pipa de crack, manchas de acné más oscuras que sus ojeras, enojada, pegándole a un fan, flaca, perseguida, rubia, casi nunca con el rodete deshecho.

En 2008 apareció un video donde se la veía hablando de los Valium que se había tomado para calmar los efectos de otras drogas brutales y, después de darle una pitada a su pipa, entraba en un espiral de incoherencias y malhumor. El video tenía 19 minutos y no era apócrifo; sí lo son las fotos y el video que en YouTube afirman ser de su cuerpo muerto, supuestamente tomados por un celular. La prensa tabloide británica ya está siendo señalada como culpable pero, por supuesto, The Sun y News Of The World son parte de una cultura que desea y gusta ver sufrir a sus celebridades, por muchos motivos pero especialmente por resentimiento, tienen toda esa fama y dinero y lo desperdician, cómo pueden ser tan reventados con lo bien que les va, qué le queda a uno que se desloma y otras joyas del sentido común que no esconden lo fundamental: aquí nadie tuvo compasión. Amy no se tuvo compasión, los fotógrafos nunca bajaban el lente para llamar a una ambulancia, el día después de la muerte más de la mitad de los obituarios decían "no había sido sorpresiva", los foros cloaca de Internet se llenaron de gente que hablaba de tenerlo merecido y de que ella se lo buscó por exhibicionista, que si necesitaba los tabloides era porque no tenía talento, y hasta su madre dijo que era "una cuestión de tiempo". Ningún adicto tiene por qué morirse, pero en el caso de Amy Winehouse había un coro de animales de rapiña asegurando que no había otra salida y ella lo debe haber escuchado.

En el funeral aparecieron los cómicos brasileños Daniel Zukerman y el además productor André Machado, que tienen por costumbre infiltrarse en eventos como impostores. Graciosísimo, ¿no? Tipo Jimmy Jump, esos chistes mediáticos. Igual de desaprensivos fueron los que la dejaron subir al escenario en ese infame concierto de Belgrado donde fue abucheada por ¿fans?, menos de un mes antes de su muerte. Es incómodo celebrar tiempos pasados, pero al menos se debe admitir que algo ha cambiado: en su último concierto público, el 12 de agosto de 1970, en Boston, Janis Joplin solamente pudo completar dos canciones porque estaba demasiado intoxicada. Al otro día, las reseñas fueron positivas, por compasión, discreción o respeto. Janis murió dos meses después.

Tampoco es Amy Winehouse la única artista estrella acosada por la prensa y la policía –cada vez se parecen más–. Mucho más brutal fue el asedio a Billie Holiday, mujer con la que se la compara con bastante justicia, a pesar de las obvias diferencias de época, peso histórico e iconografía. Billie, que hacia el final de su vida también se paseaba desnuda detrás del escenario, que también expresaba una sexualidad voraz. En 1947, el pico comercial de su carrera, fue arrestada por posesión de narcóticos en su departamento de Nueva York y comenzó el ensañamiento. Su abogado se negó a acompañarla a la corte, aduciendo que "no le interesaba". Se declaró culpable y pidió la internación. Fue presa, pero cuando salió la gente todavía la amaba y cantó ante un Carnegie Hall repleto. En 1949 la arrestaron otra vez: peor fue perder un certificado llamado Cabaret Card, eso le impedía, por ¡12 años!, tocar en lugares que vendieran alcohol. La policía la perseguía, a veces en complicidad con sus dealers e incluso con sus amantes. Las autoridades exigían que se declarara delincuente cada vez que entraba o salía del país. Murió en 1959 en el Metropolitan Hospital de Nueva York a los 44 años: tenía cirrosis, problemas cardíacos y era adicta a la heroína. La guardia policial había sido retirada de su habitación, por orden judicial, apenas unas horas más temprano.

EL CLUB DE LAS MUJERES DE FUEGO Y LÁGRIMAS

Amy Winehouse murió a los 27 pero su compañía después de la vida son las otras divas trágicas, sus voces sobrenaturales, ese dolor de origen conocido o desconocido pero, en todos los casos, imposible de aliviar. Dinah Washington, llamada la "reina del Jukebox", hermosa mujer negra de Chicago de quien dijo Quincy Jones: "Podía tomar una melodía entre sus manos como si fuera un huevo, quebrarla, freírla, dejarla que se quemara, reconstruirla, poner el huevo de vuelta en la caja y en la heladera y aún así se le entendía cada sílaba". Se casó siete veces, decía haberlos amado a todos, tomaba pastillas para dormir y para adelgazar, y cuando eso no bastaba, derrochaba en autos y ropa. Cantaba en "Evil Gal Blues", el blues de la chica mala: "Soy mala, no te metas conmigo/ Te voy a vaciar los bolsillos y te voy a llenar de desdicha/ Tengo hombres a la izquierda y a la derecha/ Hombres de día y de noche/ Tengo tantos hombres que no sé qué hacer/ Pero soy una chica mala y necesito un chico malo/ Es que ando de triste desde que lo perdí al que tenía por culpa de Uncle Sam". Una canción tan juguetona como triste. Como "You Know I'm No Good". Dinah murió a los 39 años de una sobredosis, en su cama.

Billie Holiday nunca estuvo con un hombre que no la usara, que no la maltratara, que no quisiera hacerse rico con su voz. Ella sólo sabía aceptarlos: había sido prostituta y, a los 10 años, había sido violada en la institución para niñas negras con "dificultades" donde su madre la había internado. Dicen que su hábito de fumar opio lo tomó de su esposo James Monroe y el de la heroína de su novio el trompetista Joe Guy. La heroína era parte del mundo del jazz entonces; podría haber sido cualquier hombre, cualquier circunstancia o ninguna en particular. Pero Billie admitía que sus pasiones eran destructivas, penosas. Y las cantaba. "My Man": "No es muy atractivo, no es un héroe de los libros/ Pero lo amo, sí lo amo/ El tiene tres o cuatro chicas que le gustan tanto como yo/ Pero lo amo/ No sé por qué/ El no me dice la verdad/ Y me pega/ ¿Qué puedo hacer?/ Pero lo amo/ El nunca sabrá que mi vida es desesperación.../ Para qué voy a decir 'me voy'/ Si sé que algún día volveré/ De rodillas".

La más desgarrada, claro, fue Edith Piaf. Las drogas, la salud destrozada, el amor desolado: el hombre de su vida, Marcel Cerdan, boxeador, campeón del mundo en 1948, murió en un accidente de avión cuando volaba para encontrarse con Edith, en Nueva York. Para aliviar su culpa –ella le había pedido que la visitara, lo extrañaba desesperadamente–, su dolor y su artritis, Piaf se hizo adicta a la morfina y nunca se recuperó. "Hymme à l'amour" y "Mon dieu", las dos trágicas canciones de amor, ambas son para Marcel.

Y con Janis, Amy comparte además de la muerte a los 27, esa dureza esculpida en la adolescencia, el amor por la música más vieja que ellas, la sexualidad libre y voraz, las drogas claro, pero también ser esas chicas que están de fiesta a los gritos y al rato lo único que pueden hacer es contarse los dedos de las manos, almas gemelas, la chica de "Little Girl Blue": "Sé cómo te sentís, mi infeliz nena triste, sé que no hay nada más que hacer que contar los dedos/ sé que sentís que no hay motivo para seguir adelante, que sentís que todo ha terminado/ Oh sentate ahí, contá las gotas de lluvia/ Sentí cómo caen a tu alrededor/ Querida, sabés que ya es tiempo/ Siento que es tiempo de que alguien te lo diga, tenés que saberlo/ Que todo lo que tendrás, todo en lo que te vas a apoyar, todo lo que vas a necesitar/ Va a sentirse como esas gotas de lluvia que caen a tu alrededor".

PARTES DE AMY

El viernes, Mitch Winehouse, el padre, decidió regalar la ropa de Amy a los fans que armaron un altar frente a la casa de Candem. Mitch Winehouse parece el más triste de todos en esta triste muerte, el más compasivo con su hija. Siempre habló con la prensa con cierto optimismo, incluso cuando anunció que su hija tenía enfisema –por el uso de crack– y que Blake le había explicado que ambos se cortaban, se mutilaban, en la abstinencia, para calmar el dolor. Mitch Winehouse parecía creer que si la entendía podría ayudarla. En la foto se lo ve con la ropa de su hija en las manos, menuditas remeras sin mangas, anteojos de plástico blanco, musculosas grises, amarillas, rojas gastadas. Es lo que ella hubiera querido, decía, mientras repartía las reliquias.

-- http://tercaopinion.tk



El Futuro de la Comida
TVE2, realizado por Deborah Koons García y producida por Roco Films International (2004)

Analiza el futuro de la alimentación, sobre todo a partir de la aparición de la ingeniería genética, que ha revolucionado la producción de alimentos. El aumento en el uso de fertilizantes, pesticidas y herbicidas está alterando muchos productos y en algunos casos poniendo en riesgo nuestra salud. En este aspecto la empresa Monsanto sigue siendo la más cuestionada.

 
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